25 de julio de 2011

La España peregrina podrá al fin entrar en casa

Ha conocido uno a casi todos los directores que ha tenido hasta la fecha el Museo Reina Sofía de Madrid. De alguno es uno amigo, en parte, supongo,  porque también lo era y lo es de los museos. Son o debieran ser los museos, por decirlo al modo de los institucionistas, una segunda casa y a la vez parte de la naturaleza, como la sierra de Guadarrama a donde gustaban excursionar. Por tal razón para ellos no había mucha diferencia entre ir al Prado e ir a la sierra. Si en un museo no llegamos a sentirnos como en casa, más vale salir de él o cambiar de casa, y si no cuidamos la sierra como nuestro museo, mejor sería darnos de baja como excursionistas. 

Cuando dirigía el Reina Sofía Juan Manuel Bonet le animaba uno a que acometiese una reordenación de sus fondos,  entonces algo embarullados por el esnobismo despótico de algún predecesor. Porque un director de museo puede llegar a ser el pequeño sátrapa que olvida la modestia de su tarea:  administrar con prudencia la memoria colectiva. Lo que se custodia en un museo y se expone en él para ejemplo de todos es precisamente lo que se ha ido decantando en el conocimiento, en el juicio, en la necesidad de la comunidad que lo sufraga: lo más importante, lo más hermoso, lo más preciso.

La reordenación del Reina Sofía que Bonet no tuvo tiempo de llevar a cabo (esa es otra historia), la ha emprendido Manuel Borja Villel, su actual director. Puede uno estar o no de acuerdo con ella, y discutir y discutirle a él tal o cual aspecto, pero nunca se han visto mejor las obras, nunca ha estado mejor ordenado ese museo ni más claro su propósito didáctico. Porque un museo es eso también, una escuela viva y el espejo en el que hemos de mirarnos todos.

El azar y la guerra civil (y esa es también otra historia) nos ha reunido durante dos horas, a solas y por primera vez, a Borja Villel y a un servidor. Le ha parecido a uno un hombre afable, inteligente y, sobre todo, curioso. Sabiendo lo que uno piensa de buena parte del arte contemporáneo, ¿no es extraño que haya tenido la curiosidad de saberlo de primera mano, en un país al que mueven los prejuicios y el desprecio de todo lo que es distinto a nosotros? Es más, aceptó con respeto los reparos y comprendió uno también algunas de sus decisiones más personales. Por otro lado, confesó, la reordenación aún no está concluida. Es acaso ésta  la mejor noticia que hayamos recibido en mucho tiempo, porque en ese museo que es o debiera ser de todos los españoles, seguía y sigue faltando media España, la España peregrina, el exilio como tal (de algunos, cierto, hay obras ya allí, pero sin esa significación), Moreno Villa, Granell, Alberto, Souto, Arteta, Gaya, Mallo, Varo, Luna o Seoane, que contribuyeron al arte español tanto o más que aquellos que, franquistas o antifranquistas, de José Caballero a Tàpies, pudieron hacer en parte su carrera gracias a Franco y a que los comisarios de sus bienales les pusieron en bandeja los corderos del hijo pródigo, sin invitar al convite, naturalmente, al hijo pródigo, que sigue ayuno. Al contrario de lo sucedido a sus compañeros de exilio los escritores, los artistas republicanos perdieron la guerra y los museos.
   [Publicado en el Magazine de La Vanguardia el 24 de julio de 2011]

6 comentarios:

  1. Manuel Cañedo Gago25 de julio de 2011, 1:42

    Precisamente, algunos de los artistas republicanos que han perdido los museos, y contra los que se ha venido cometiendo tamaña injusticia, son quienes más contribuyeron a la evacuación del patrimonio artístico español amenazado durante la Guerra Civil. Es el caso de los pintores Josep Maria Sert y Timoteo Pérez Rubio.

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  2. De verdad que me alegro.
    Y... ¿debe entenderse que esa reunión fue fruto improvisado de un encuentro espontáneo?

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  3. Josep María Sert no fue un pintor republicano. Está claro que Manuel Cañedo Gago pensaba en Josep Lluís Sert, a quien confunde con su tío José María, que era... franquista, y cuyos murales de Vich precisamente fueron destruidos por los republicanos. Sert sobrino no hizo nada, por lo demás, por el patrimonio pictórico, sino que fue co-autor del pabellón republicano de París.

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  4. ¿Josep María Sert... franquista? Ni tampoco republicano. Sin embargo colaboró en la salvación de los cuadros del Museo del Prado. En momentos puntuales colaboró con el último Gobierno republicano

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  5. José María Sert sí fue republicano. El gobierno de la República le nombró agregado cultural para las artes en la embajada española en París

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  6. ¿NI REPUBLICANO NI FRANQUISTA?

    1. En 1937, José María Sert participa en el Pabellón Pontificio en la Exposición de París (la misma donde su sobrino proyecta con Luis Lacasa el pabellón de la República Española) donando a su capilla española, iniciativa del Cardenal Gomá -y entre bastidores, del bando rebelde-, un cuadro titulado unas veces INTERCESIÓN DE SANTA TERESA DE JESÚS EN LA GUERRA CIVIL, ESPAÑOLA, y otras SANTA TERESA ENCOMIENDA A NUESTRO SEÑOR A LOS MÁRTIRES DE LA GUERRA CIVIL, este es el título que consta en entusiasta crónica en ABC de Sevilla, 2 de noviembre, por su corresponsal Mariano Daranas, que por cierto contrapone ambos pabellones, mofándose del republicano.
    2. Cita de Rebeca Saavedra Arias, profesora de la Universidad de Cantabria, especialista en arte y guerra civil, en un artículo sobre el tema de la evacuación de los cuadros del Prado a Ginebra, en 1939, y su posterior regreso a la España franquista: "Comenzaba así un largo contencioso entre los delegados del Gobierno de Franco, José María Sert y Eugenio D’Ors, y la delegación republicana, cuya cabeza visible era Timoteo Pérez Rubio". Que Sert pudiera haber tenido un papel de asesor en los años treinta, en la Embajada en París, asesoría respecto de la cual existe poca información, no lo convierte automáticamente en republicano. Y lo que importa es que en 1939 desde luego no lo era.
    3. Más sobre el Sert de 1939. Fragmento de una crónica del semanario TIME sobre el tema de los cuadros del Prado, 13 de febrero de 1939. Queda en inglés, porque suena muy bien eso de "Generalissimo [sic] Francisco Franco's art representative": "Also in Perpignan popped up Jose Maria Sert, Spain's best known modern mural painter. As Generalissimo Francisco Franco's art representative, he wanted to check over the paintings which may soon —under the Loyalists' own terms—become Rebel Spain's property. Señor Sert declared himself satisfied that the paintings had been taken good care of, that they were all intact."
    4. El historiador del arte Ángel Llorente, en un artículo sobre la iconografía del Alcázar de Toledo en el arte franquista: "Josep Maria Sert hizo en 1943 tres bocetos destinados a transformarse en lienzos murales para la capilla de la cripta del Alcázar, proyecto que no se realizó al morir el artista dos años después".
    5. Por seguir citando al inefable Daranas, en crónica abecedaria del 30 de diciembre de 1943, informa de la inauguración de una capilla en la Embajada española en París (el París ocupado), decorada por su donante, José María Sert, estrechamente vinculado al embajador de Franco ante Pétain, José Félix de Lequerica.

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