14 de julio de 2011

Monedas sueltas

“SIENTO con todas mis fuerzas que la historia del hombre es como la del trigo: no importa que no hayamos venido a este mundo para prosperar; nos muelen y nos convertimos en pan. Cuidado con aquellos que no están amasados”. Son éstas las bellísimas palabras del Diario de Van Gogh que obsesionaron a Martin Heidegger hacia 1925, sumergido ya en su libro Ser y Tiempo, aquel a cuyo frente puso una dedicatoria llamada a ser, con los años, un monumento a la infamia, cuando su autor la suprimió por estarle dirigida a Edmund Husserl, además de su maestro y amigo, judío. No fue lo único extraño de un libro que a juicio de quienes lo han leído es tan decisivo e inconsútil como difícil y hermético. Tras la dedicatoria figuraba en la primera edición esta frase de Lessing, una de las pocas que entendemos sin esfuerzo y compartimos los profanos y acaso una de las pocas de Ser y Tiempo que no precisarían mucha exégesis, paradójicamente: “La mayor claridad siempre ha sido para mí la mayor belleza”. No estaba demasiado alejada de la claridad que el propio Husserl invitaba a tener a sus discípulos en sus exposiciones, cuando les sugería que las hicieran “mejor en monedas sueltas que en grandes billetes”. Las pequeñas monedas que compran los panes.
(Foto: El Rastro, 2010)

1 comentario:

  1. Para saber de Heidegger (y admirarse de que aún haya algunos que le admiren), es muy recomendable el libro de Juan José Sebreli "El olvido de la razón". David Fdez.

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