30 de julio de 2011

Recordando a Augusto Floriano Jaccaci

FUE tal vez el primer autor que siguió los pasos de don Quijote por tierras de La Mancha, y su libro, anterior en casi diez años a La ruta de don Quijote de Azorín. De aquel, August F. Jaccaci, sabemos que fue coleccionista, crítico e historiador del arte en Estados Unidos y pintor él mismo, además de viajero por lugares exóticos. La Mancha en la época en que la recorrió Jaccaci, a finales del XIX, lo era. El libro, con el título de On the Trail of Don Quixote, se publicó en 1896 en Nueva York y Londres y poco después en París, y de él hay dos ejemplares en Abebooks. De su traducción y edición española, con el título de  El camino de don Quijote (Por tierras de la Mancha) en La Lectura, 1915, no hay ninguno, lo que nos habla de su extrema rareza. Este fue traducido por Ramón Jaén, autor igualmente de las diecinueve fotografías que se incluyen en él y que lo convierten a un tiempo en un valioso documento etnográfico y en una pequeña joya bibliográfica sin pretensiones, ya que se trata de un libro en octavo, editado al gusto de los regeneracionistas, con pulcritud y austeridad. El pegado a mano de todas y cada una de estas fotografías nos acerca a la nobleza de los oficios perdidos y lo hace digno compañero de Platero y  yo, que había aparecido en la misma editorial unos meses antes. Estas fotografías hacen que pensemos en Ramón Jaén,  administrador de la Residencia de Estudiantes e íntimo amigo de Juan Ramón Jiménez, como en un modesto Atget: ventas, posadas, caminos, caserones, paisajes desolados de la Mancha, carros, patios, iglesias, ruinas…
La lectura del libro, pospuesta tantos años, nos encandila. Maravillosos libros de las casas viejas para las larguísimas tardes de verano. Este está hecho a la medida de Azorín. Lo prefigura. Quizá Azorín escribiera de él. No sería en absoluto extraño. Lo hizo, recién publicado, del de Juan Ramón Jiménez. Le gustaba a Azorín reconocer sus deudas, aunque en muchos casos pudiera haberlas contraído sin saberlo. No son fechas ya para preguntarle a José Payá, que dirige la casa museo de Azorín, sobre este pormenor. Si Azorín escribió de Jaccaci, Payá lo sabrá. Si no lo hizo, fue acaso porque no llegó a leerlo, posponiéndolo para Dios sabe qué verano póstumo.
Jaccaci, al contrario que tantos extranjeros en España, no hace aspavientos, no levanta la voz, es, en verdad, un hombre cervantino. El amor por el Quijote le lleva a los lugares legendarios, y a tratar a gentes que podrían haber sido figurantes de la célebre novela. No busca, encuentra. Quien quiera saber lo que eran las terribles ventas españolas, las fondas misérrimas, las posadas ruidosas, busque este libro. Jaccaci es un hombre curioso, obsequioso, observador discreto. También propenso a la alegría, cuando llega el momento: “En el Toboso hallé una posada limpia. Cuando entramos en ella era de noche, y no pude corroborar mi primera impresión hasta el otro día a plena luz. Su elogio quedará hecho al decir que me evocó Holanda. Los suelos en ladrillos del patio y los cuartos, relucían; la luz cruda entraba por las ventanas a través de unas cortinas; algunas estampas de patéticas escenas religiosas adornaban ingenuamente las paredes, blanqueadas con cal. El mueblaje lo componían sillas, arcas y una mesa finamente tallada. En la espetera de la cocina brillaban, bruñidos, una infinidad de utensilios de cobre. En esa humilde posada no había criados de ninguna clase. El padre, la madre y dos hijas cuidaban de este orden meticuloso”. Jaccaci observa, Jaccaci sonríe, Jaccaci, que todo lo avizora, escribe como habla. La Mancha que encuentra a cada paso, Argamasilla, Ruidera, Herencia, Montiel, Campo de Criptana, Viso del Marqués, Sierra Morena es, se place en repetirlo, la misma que conoció Cervantes. "¡Qué vida tan varia, tan llena, la de las posadas de entonces!", nos dirá en una posada idéntica a aquéllas. Nada ha cambiado, todo lo halla en su lugar, exacto al que tenía en el siglo XVI, y no duda en celebrarlo con el vino áspero y violento de Esquivias.
Augusto Floriano Jaccaci (1877-1930) es un hombre fino, simpático, llano. Y finísimo es este casi desconocido Ramón Jaén, que acudió a recibir a su amigo Juan Ramón a los muelles de Nueva York, cuando este viajó hasta allí para casarse (lo que nos hace pensar que fue en Nueva York, en un viaje anterior, donde Jaén compró su ejemplar de On the Trail of Don Quixote, y no traducido al francés, de donde alguien malicia que pudo haberlo traducido él). Y algo de Juan Ramón parece haberse quedado también en este libro de La Lectura cuya tipografía recuerda la de Reliquias de Fernando Fortún, que cuidó también el poeta de Moguer, algo que, en este ejemplar, a pesar de la vulgaridad del Ilustrísimo Señor don Adrián de Loyarte, escritor vascongado que Didot confunda, llega vivo a nuestras manos.
Terminado el libro, se le ha hecho a uno corto el viaje. Querría proseguirlo. Ante ese imposible, volvemos a sus páginas. Esta vez no leas. Mira con detenimiento las fotografías, y la imaginación apenas tendrá que hacer nada: la vida ha vuelto sola a ellas, como fantasma de la cueva de Montesinos.

5 comentarios:

  1. Gracias por darme a conocer a Jaccaci, cervantino escritor desde luego: supo ver también Holanda en la Mancha, en el Toboso, y acaso también quijotesco al ver en esa fonda tan reales maravillas, como si Dulcinea fuese quizás una de las hijas del posadero, en las también como al desgaire se fija y a quienes no olvida pintar.

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  2. Manuel Cañedo Gago30 de julio de 2011, 15:22

    Agradecido queda uno de la invitación a la lectura de este libro, máxime cuando el auge que en nuestros tiempos está teniendo el turismo de masas, en oposición al hoy escaso turismo tradicional, ha hecho proliferar en la última década libros de viaje anodinos de rutas manchegas que anuncian hoteles, restaurantes de comida rápida y gasolineras, tomando perversamente como hilo conductor las andanzas de don Quijote y Sancho Panza por ventas y posadas.

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  3. Aquí está el libro en inglés, se puede leer entero gratis online. La versión española también existe pero hay que pagar. http://babel.hathitrust.org/cgi/pt?id=mdp.39015012064831

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  4. desde unos 16 euros con portes están disponibles las ediciones en inglés (Pranava Books, 2008, y Nabu Press, 2011) y en francés (Nabu Press, 2011) mediante impresión bajo demanda, y como dice la ficha: «Pranava Books, 2008. Book Condition: New. New. 2008. Reprinted from 1896 edition. PRANAVA BOOKS edition. This is a quality reprint of an old book of historical value. This is an exact/strict reproduction of text, no changes has been made in respect to the original text. A lot of effort has been made to check and improve each page/scan manually for its quality of text and illustrations (if any, are in b/w). This is not a retyped or an ocr'd book. Index, contents, etc, if any in the original book, are included. This item is printed on demand using good quality natural shade paper. The title of the book, on the cover, is in gold lettering. 269 pages».

    aunque también advierten los de Nabu Press (que ofrecen ambas versiones inglesa y francesa), supongo que curándose en salud, que «this book may have imperfections such as missing or blurred pages, poor pictures, errant marks, etc. that were either part of the original artifact, or were introduced by the scanning process».

    para que los de Nabu Press se puede usar este enlace para ahorrarse los portes:
    http://www.abebooks.com/books/free-shipping/?cm_mmc=nl-_-fs-_-110000-f00-wwfrshpCA-_-htm-bdy-cta01&cn=wws

    y la búsqueda general:
    http://www.abebooks.com/servlet/SearchResults?an=jaccaci&bi=0&bx=on&ds=50&kn=daniel&recentlyadded=all&sortby=17&sts=t&x=47&y=13&yrl=2000

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  5. Buenas Tardes,

    Gracias, Trapiello por la referencia a Augusto Floriano Jaccaci, lo incluiré en la larga lista de los leibles en próximas fechas.

    Salu2,

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