10 de octubre de 2011

El árbol de la vida

"Cómo estás? ¿Dónde estás?
Hemos pensado en ti este fin de semana cada minuto, y la tristeza en la que imaginamos te encuentras hace aún mayor la nuestra al no saber cómo estás, dónde estás".

"Estaba en Xalapa, y adelanté mi vuelta para estar en Zaragoza. No he podido dejar de llorar. Estoy devastado. Es el primer gran amigo que se va. ¡Qué tristeza!".

Nos sentamos a un lado del camino, junto al árbol de la vida. Nuestra espalda se apoya en su tronco. Miramos el camino. ¿Dónde ir, qué dirección? Todo alrededor es silencio. Lo recuerda, lo subraya, un jilguero. Canta en lo alto, entre las ramas, escondido. Canta ajeno a nuestro dolor, pero canta para nosotros. Se diría que su canto se eleva de nuestras propias cenizas. Fénix. Félix. Él, que amaba la vida sobre todas las cosas, habría dicho también: Feliz.

4 comentarios:

  1. Una entrada elegiaca que está a la altura de la figura a la que homenajea. Una pérdida sensible, importante... para todos. Saludos cordiales

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  2. Por cierto, llegué aquí guiado por Felipe Benítez Reyes... menudo Cicerón!!!

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  3. El viernes pasado veía en la web de Televisión Española una entrevista que le realizaron hace años a José Jiménez Lozano en el programa la Mandrágora. La figura menuda y el temperamento nervioso del escritor que tanto me gustan contrastaba con la capacidad gigantesca y tranquila del entrevistador. Enseguida sentí interés y simpatía por este barbarroja de color ardilla con boina de revolucionario, y empecé a indagar.
    Se llamaba Félix Romeo. Lo presentaban como un agitador cultural. Fue procesado y encarcelado por insumiso, escribió tres novelas y murió a los 43 años.
    Hoy al visitar el Blog de Andrés Trapiello, venían unas breves, sentidas y misteriosas palabras de homenaje hacia un tal “Fénix”, “Félix”, “Feliz”.
    Fue fácil atar cabos. Se trataba de Félix Romeo. El mismo que acababa de conocer hace tres días y que precisamente moría sin yo saberlo ante mis narices justo cuando empezábamos a ser amigos.

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