30 de octubre de 2011

Sucesivo, sucesivos

QUISIERON unos buenos amigos, conociendo la devoción que siente por todo lo que concierne a ese poeta, el Poeta, regalarle Sucesión, una de las revistas que compuso Juan Ramón Jiménez en solitario, para sí y para todos, cuando el mundo y él, hacia 1932, se dieron la espalda, por suerte para el  poeta y la poesía. Acaso sea la más rara y remisa de todas sus publicaciones, y venían en su sobre original de papel marchito y letras bermejas los ocho números, en cuarto, de cuatro páginas cada uno plegadas en un pliego, igual que los de ciego. 
Reservó una tarde para leer allí tranquilamente lo que hace casi un siglo se escribió con no menor quietud para todos, para ninguno, aforismos de estética y ética estética, poemas suyos nuevos y antiguos, prosas, retratos, caricaturas líricas, traducciones... Alguna de sus páginas es una obra maestra. Lo es "Léontine y Padre Dios" (buscadla, por favor), con todo ese surrealismo celestial, de guasa y de paseo, como el capote de un torero. Y el papel, y los tipos de letra, claros, grandes, elegantes, y el poco rojo, como un reflejo único del crepúsculo. Hasta la errata, un hecha por un echa, como la flor de un búcaro, parece bonita en la meseta de esa prosa, humanizándola como humanizan las amapolas las cunetas (en JRJ las erratas son de mármol de Carrara, lo único en verdad que es de mármol en su obra)
El final de aquella Sucesión vino a plegarse con el final del día, de la tarde, leyendo entre dos luces, si acaso pudiéramos hablar de dos, hablar de luces, con tantas sombras. 
Cómo desearía, pensó, dejar sus días igualmente en este pliego nacido de la luz de una pantalla, y circularlos uno a uno, como iban los suyos en aquellos sobres hoy amarillentos, de casa en casa llevados en mano por el poeta, como llevaban los mieleros su mercancía dorada.
"Vemos una escultura, leemos una poesía, oímos una música antiguas, y nuestro mayor elojio es: “Parece de ahora”. Pues pensemos que el elojio mayor que un antiguo resucitado pudiera hacer de lo nuestro, sería: “Parece de entonces”. Porque el espíritu y el arte (como el sol, el desnudo, el oro, la rosa, el rayo, el mar y la muerte) son siempre iguales", leemos en el primer sucesión, sucesivo y sorprendente JR de una obra como la suya inacabable para todos los sucesivos que vinieron y vendrán tras él.
 



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