10 de octubre de 2011

Galicia negra y profunda

Los gallegos son siempre especiales. Coincidimos en la escalera de nuestra casa durante muchos años con un vecino gallego. Trabajaba como secretario de la Audiencia. Era un hombre simpatiquísimo. Desde luego siempre supimos si subía o bajaba, pero fuera de eso era difícil obtener de él respuestas concretas. Rajoy responde también a este estereotipo. Nuestro vecino recibía a diario el periódico de su pueblo, El Progreso de Lugo, que leía con atención extrema, de atrás adelante, empezando por las esquelas, que le interesaban mucho. Conocía a casi todos los difuntos y a los que no, los deducía o los adivinaba por metafísica. El Progreso de Lugo, como nombre de  periódico, es único; sólo le disputaría la palma de los nombres bonitos otro, El Faro Astorgano, tanto o más poético cuanto que Astorga debe de quedar a unos trescientos kilómetros del mar en línea recta. Sin embargo, nadie debería dudar de que en Lugo, y aun en toda Galicia, no haya sido posible el progreso, aunque nuestro vecino bromeara y se refiriera a El Retraso de Lugo, porque solía llegarle el periódico con dos o tres días de retraso. 

Galicia, sin embargo, no ha estado nunca, a mi modo de ver, ni por delante ni por detrás, sino fuera del tiempo. En otro tiempo, diríamos, solo suyo. Frente al Siglo de las Luces, Galicia parece haber vivido en un perpetuo Siglo de las Brétemas. Así lo comprobará quien vaya a ver la extraordinaria exposición de fotografías de Cristina García Rodero o mire su estupendo catálogo (La Fábrica): cementerios, romerías, curas confesando al aire libre, niñas de primera comunión que parecen haber salido de la sepultura,  viejas de luto, mujeres caminando de rodillas, ofrecidas a la Virgen, borrachos de pueblo, bailes de máscaras, procesiones, micciones desvergonzadas...

Desde un primer momento, viendo estas fotos, uno se dice: He aquí la España negra. Hace años Bergamín dijo que Euskadi era “lo que queda de España”. No, lo que queda de España, es Galicia. Todas las fotos  son del agro y cosa aún más admirable, no hay ninguna del interior de las casas. García Rodero no ha querido, o no le han dejado entrar en ninguna, pero no le ha hecho falta: después de constatar que la España negra se encontraba en Galicia, constatamos que la Galicia profunda está... a la vista de todos, en la superficie, sin necesidad de descender a los abismos domésticos. Y algo aún más extraño: lo tenebroso de ese mundo sucede a plena luz del día. ¿Se documenta algo más en esas fotos que  brutalidad, superstición, oscurantismo o ignorancia? Desde luego: la fatalidad, tan galaica. Eso ha sido así dos mil años, y seguirá siéndolo otros dos mil, parecen estar diciendo esas instantáneas. García Rodero las ha registrado a lo largo de treinta y tantos años, pero todas parecen de ayer mismo. No, no ha habido progreso ni retroceso. En la brétema  todo está parado. Y eso, sí, produce congoja. La eternidad española, gallega, es negra y es profunda, metafísica, donde esperan los muertos. Tal fatalidad, qué duda cabe, le deja a uno suspenso, brumoso, sin saber si baja o sube. Va a ser verdad que gallegos, como dicen en Argentina,  somos todos.
   [Publicado en el Magazine de La Vanguardia el 9 de octubre de 2011]


(Fotos: Cristina García Rodero)


12 comentarios:

  1. Aquí en Galicia lo conocemos como El Retroceso, por ser un periódico muy malo y de derechas.

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  2. Y no sólo eso, aquí en Galicia comemos niños, arrojamos a los muertos a la calle, meamos por las ventanas, nos casamos con nuestros parientes más cercanos y aún no tenemos luz eléctrica

    P.D. Como soy gallego, y no se leer ni escribir, este comentario se lo he tenido que dictar a una persona de una región más civilizada (un izquierdista peligroso que quiere acabar con la esencia de Hespaña, seguramente), yo no podría colgarlo en internet por mis propios medios.

    ... anda que, lo que hay que leer.

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  3. Se habla de las fotos de García Rodero y de la Galicia que ella ha visto. Hay otra, sin duda. Ni lo dudo. Acaba uno de venir de hablar en Orense de la Galicia moderna de Risco. Pero incluso en aquella otra hay poesía, como la hay en la España negra de Solana, y no por ello hay que tomárselo tan a pecho. Con un poco de humor (negro) bastaría. A.T.

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  4. Yo no sé si los gallegos somos especiales. Lo que sí parece claro es que Galicia sí es un lugar especial, y que quizá hace a todos, gallegos y foráneos, un poco especiales. Las fotos de García Rodero muestran una Galicia que todavía existe; ahí están las fotos, son muy buenas, y algunas son prácticamente de hoy mismo. Puede que sí haya algo de eso que comentas en el artículo respecto al tiempo; a lo mejor no tanto que esté fuera del tiempo como que todos los tiempos dejen un poso casi indeleble aquí. Quizá de ahí la poesía.

    ¡Y la fatalidad gallega! Tampoco será sólo culpa de la bruma. Otra cosa es que a los que vivimos aquí nos fastidie esa Galicia supersticiosa, conservadora, siciliana.

    El artículo, excelente. Un saludo.

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  5. El problema, desde mi punto de vista, y a diferencia de lo que sostiene el autor, es que el artículo no trata sobre García Rodero. Toma su trabajo como punto de partida para una disertación sobre una supuesta identidad gallega. El título lo deja bien claro. Puestos a tomar puntos de partida para una disertación, por qué no el Santiago metropolitano de la novela Flavio de Rosalía de Castro, o la hidalguía decadente de Otero Pedrayo o la Galicia atlántica de Álvaro Cunqueiro (Risco no está solo en la modernidad, y puede no ser el autor más ejemplar a este respecto). Pues porque tal vez Trapiello considera que el trabajo de García Rodero se ajusta más a lo que a él juzga destacable de Galicia. Y por excelente que sea el labor de la fotógrafa –no lo pongo en duda- su visión de cierta Galicia es, a ojos de muchos gallegos y gallegas, exótica. No es solo una mirada foránea: es una mirada fijada a ciertos tópicos, porque tal vez no desea ver más allá de esos tópicos. Desconozco lo que debe exigirse a la fotografía. A la escritura crítica se le demanda, precisamente, que sea crítica. Esta visión de Galicia no lo es.

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  6. En la España negra de Regoyos o de Solana hay crítica, y la hay en la Galicia de García Rodero. Yo creí que se vería también en ese escrito mío. De eso habla la congoja a la que me refiero. Pero también hay poesía en los pliegues de las obras de todos ellos. No es evidente ni propugna la perpetuación del estado de cosas de donde nació, a menudo espeluznante. Pero la descubre. Nada más. Y no hay en ello ofensa ni condena, sino un deseo de reconocimiento y compasión.

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  7. Como gallega, le agradezco el deseo de reconocimiento. Lo único que sobra es la compasión. Y no es soberbia, es únicamente el derecho de todo país (y de toda persona) a ser mirado desde la igualdad. Creo que ese debería ser el presupuesto de cualquier intercambio de miradas. En el tono de su respuesta puede vislumbrarse esa aspiración, pero yo no la he percibido en el artículo.

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  8. No sé. Lo único que echamos de menos en la vida y en la literatura es la compasión y por eso una mirada compasiva como la de Cervantes y la de Galdós nos es tan necesaria. Quien compadece sólo puede hacerlo desde la igualdad, al lado de y con, no sobre. Sentiría que se viera un propósito ofensivo donde no lo hubo ni menos aún una presunta idea de identidad.

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  9. La compasión, tal y como ahora la define en su respuesta, puede ser un bien y, como tal, deseable. Pero como dijo alguien de otro alto concepto, "cuántos crímenes se cometen en su nombre". Tengo claro que su artículo es un artículo y no un crimen. Y por supuesto que sostiene ideas de identidad, porque proyecta generalizaciones sobre un colectivo (tampoco eso es un crimen). Pero no puedo evitarlo, y créame que lo siento: este intercambio de pareceres me ha resultado mucho más estimulante e inteligente que su artículo.

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  10. No en vano Saavedra es apeyido gayego, sino de qué, Andrés. Sólo has leído a Domingo García-Sabell?

    De entre los metafísicos gayegos, digo. Hay una cierta distancia factual en lo que escribes que nos desagrada a algunos, sabes?

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  11. Señor, señor ¡qué lucha!

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  12. Cristina García Rodero ( he visto la exposición en le CGAC) retrata una Galicia de tinieblas, en suspenso temporal, pero esa no es la realidad. Es su visión y no se puede decir que dentro de 2000 años estaremos igual. Entiendo que usted es libre de ensoñaciones más o menos líricas, pero el día a día nos conduce a una realidad urbana, que son el motor económico del país, donde hombres y mujeres actuales, modernos y libres luchan por vivir, lejos de esa atmósfera ignorante y clerical. Hemos dado pasos de gigante y no nos reconocemos en los tópicos. La mansedumbre, la indefinición, el terruño. Pero si estamos en el siglo XXI!
    Un saludo
    Mercedes González
    Profesora de historia

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