6 de septiembre de 2011

Aristócrata de intemperie (1)

En el archipiélago infinito que es la obra de JRJ, este extraordinario Alerta, preparado por Javier Blasco y prologado por Armando Romero, y publicado dentro de las obras completas que editan Visor Libros y la Diputación de Huelva, debería señalarse por su singularidad: textos en prosa de carácter crítico, algunos raros o desconocidos, con irisaciones siempre personales y biográficas del poeta.
Comprende uno que citar tanto a JRJ, y desde hace más de treinta años, impaciente a algunos. Esos mismos u otros querrían que repertoriásemos, como los restaurantes su carta, nuestras referencias y preferencias. ¿Por qué? ¿Para qué? Con JRJ nos bastaría y aun nos sobraría, porque ese archipiélago es, al mismo tiempo, un ecosistema poético suficiente y sostenible, como el paraíso.
Ya antes del verano se quedó subrayado este ejemplar, con el propósito de traer algunas de sus frases aquí. Ha llegado el momento. Por fortuna, nuestro poeta piensa sin que necesite demasiadas glosas, se glosa solo, diríamos.
“Mi idea perpetua de la “aristocracia de intemperie”, tan en contraste en España, en Europa, es aquí [América] más natural. La ilusión de mi vida ha sido y es ser un aristócrata de intemperie, un hombre sencillo en lo económico, rico en lo espiritual, y vivo, moral y físicamente, en el aire del mundo”.
Y en efecto, por sentir y decir cosas como esta, sus contemporáneos lo despellejaron vivo, moral y físicamente. Tanto si se decían españoles como, principalmente, si tenían las ínfulas extrañas de pasar por intelectuales europeos: JRJ les parecía un escritor de casino de pueblo andaluz (G. de B.) o el autor cursi de Platero y yo (J.A.V.). ¿Pero cabe haber expresado de mejor modo eso a lo que debiera aspirar todo el mundo, ser un aristócrata de intemperie y un vagabundo bajo techado?

3 comentarios:

  1. Así me siento y desde luego no sabría expresarlo mejor. Bueno, escribiría "mental" en vez de "espiritual"... es que soy un incrédulo de tales palabras y nociones altisonantes. A decir verdad soy un desalmado (nada culpable por cierto; me la robaron... no la extravié, lo juro).

    saludos...

    Pau Llanes

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  2. Despellejado vivo, moral y físicamente por quienes actuaron del mismo modo contra Miguel Hernández, tachando a éste de hortelano paleto, atribuyéndole (Rafael Alberti en verso y María Teresa León en prosa), un olor poco adecuado. Y entre tanto rechazo (Lorca no se presentaba en una casa si sabía que Miguel Hernández estaba en ella) el apoyo de Juan Ramón Jiménez, celebrando en el diario El Sol la publicación de El rayo que no cesa.

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  3. Una sencillez luminosa.
    Un ejemplo a seguir.
    Viviendo en barbecho con la puerta entornada,sumando alguna renuncia, sin despreciar algún inesperado fulgor.

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