13 de septiembre de 2011

Mística de salón (Diario anónimo, notas sobre)

  1. No extrapolar de los fragmentos de Diario anónimo una visión de totalidad. Ni olvidar que sólo son fragmentos que proyectan su sombra sobre la obra del autor, si acaso no es esta obra una sombra de aquellos. Sin la obra, significan poco; sin el autor, nada, pese a lo que declara el título del libro.
1.1. No obstante su carácter provisional, el autor los ha revisado y revisitado a menudo. Los da por buenos y definitivos en su provisionalidad. A anotaciones antiguas añade otras actualizadas. De cierto escrito sobre su gran amigo y valedor, o ya no, José-Miguel Ullán, que pensaba incluir en un tomo de ensayos de 1981, dirá: “No, ya nunca podría ir”. Por tanto, necesitad no de registrar su cambio de actitud, que suponemos extraliteraria, sino de subrayarlo, de que lo registren otros, cuando corresponda. Probablemente el interesado. Lástima (por aquello que decía Kant a propósito del mal): uno se murió sin publicarlo, el otro, sin leerlo.

1.2. Proceder con ellos, dada su cantidad y la diversa naturaleza (notas, juicios, citas ajenas, fichas bibliográficas, noticias de periódicos), con suma atención, como se escogían las lentejas.

  1. Estas páginas nos presentan a un autor muy atento a la sección de cultura de los periódicos de medio mundo y a la mesa de novedades de la librería (en Ginebra o en París, no España). No la primera mesa donde se colocan los best sellers y demás, sino la otra, la escondida donde aparece el ensayo sobre un místico medieval, un tratado de tiro con arco zen (zen el tratado, el arco, el tiro), el libro de un surrealista de segundo orden, una biografía de una monja  iluminada, unos ensayos dispersos de Heidegger, de Cusa, de fray Polidoro del Orinoco (valiosos para él en tanto que dispersos e inaccesibles para todos los demás), las averiguaciones últimas sobre el velo palatal y la gramática generativa en relación con la palabra poética. Olvidó lo que decía JRJ de ciertos libros, citando a Darío: hay que leerlos por emanación. “Todo ocurre en el lenguaje”, la frase de Wittgestein, le parece enseña adecuada. Aunque se diría que todo ocurre aquí, viendo dónde fija su atención, en los periódicos, en la mesa de novedades, en los catálogo editoriales, a ser posible no españolas. Las únicas referencias a estas: cuando habla de sus propios libros. 
2.1 Asegura el prologuista de este que su autor lamentó al final de su vida haber inapreciado la importancia de JRJ. No debiera extrañarse: leyendo estas páginas se comprende que no podía haber sido de otro modo: demasiado pendiente de las novedades para ocuparse de él. Si al final de su vida se interesó algo en su obra, es porque JRJ volvía a estar en la mesa de novedades. Lo cual no quiere decir que lo comprendiera mejor que años atrás (en el Diario dos o tres alusiones a JRJ, de una línea, sin comentario, una para decir que lo cita Pound en uno de los Cantos, o sea, importa por Pound). Dice también su prologuista que el autor aspiró a ser un escritor europeo. Como tantos de las mesas de novedades. 

  1. El impulso del autor es más teórico, ensayístico, que de poeta. De estudioso, de profesor, de crítico, más que de creador. Recuerda mucho al entendedor del que habla Gaya. Constatación: hay en su prosa una fatalidad, “suena” a poesía, y en cambio su poesía no puede evitar el estigma de su prosa, críptico por lo general en ambos casos. Algo en él, verso y prosa, tiende a la solemnidad, al grumo litúrgico. Un libro que huele a incienso, a sacristía. 
  1. El Diario anónimo como un libro de infinitas citas. Tres o cuatro, o más, por página, de otros autores y en todas las lenguas de Pentecostés. Revueltas, al montón, como ropa de mercadillo. Viendo tantas, me pruebo algunas. Raro también: unas no me valen, otras no me sirven, otras no me gustan. Y más raro aún: todas parecen falsificaciones, incluidas las originales. 
4.1 Dado que muchas no tienen más que un escaso interés personal o documental, parece latir en ellas una secreta intención: la exhibición de una musculación intelectual, recordando lo que decía Blanchot de las citas en los textos literarios: fusiles erizados defendiendo un fortín no inexpugnable. Entre la alta industria cultural y lo que Deleuze llamó sin tanto requilorio “des cochonneries”.

  1.  Se constatan en sus páginas innumerables muertes de poetas, de escritores, filósofos, conocidos, amigos, cuando no se recuerdan los aniversarios de sus fallecimientos. Hablaríamos en realidad de defunciones. Escuetas, sin glosa: libro de registro de un cementerio. La recurrencia nos recuerda aquella dicha de la que habló Freud ante la desgracia ajena: “uno menos; yo sigo vivo”. Pocos nacimientos, por el contrario: ni reales ni figurados, de criaturas o de obras. No admira. Como tantos, idolatra. Soberbia envuelta en vanidad. 
  1. Menciona a menudo a su hijo, sobre todo después, no antes, de que este muriese de una sobredosis a la edad de treinta y dos años, solo, al parecer, en una calle de Ginebra. Se muestra su cadáver en estas páginas a menudo. Imposible no recordar al del hijo de Pedro Luis de Gálvez. Siete años atrás escribe en uno de los escasos raptos confidenciales: “La infelicidad de mi familia me produce angustia. ¿Hice yo todo lo necesario para que ellos fueran felices?”. ¿Forma él parte de su familia, es infeliz? Es feliz, desde luego, con su amante, su compañera. Su mujer, su hija no tienen nombre, ni se lo da. O sea: ya nunca, tampoco, podrían ir. Ellas, sí, son "los anónimos". 
  2. El tono del libro es conceptista, poco cordial y granítico, como el barroco galaico. ¿Poeta para poetas, para lectores? Autor para periodistas impresionables y escoliastas, a imagen y semejanza. 
  1. Si de pronto, raramente, un cierto fulgor, en unos versos, en tal o cual anotación (sobre Ortega, por ejemplo), se ve como un reverbero que trata de abrirse camino como el sol entre las nubes negras. Ese sol al que se puede mirar de frente, porque es de plata, como la luna que recibe prestada la luz de otro astro. 
  1. Llama la atención, en alguien que trabaja para la mística, su franciscana inclinación a la denostación. Parece esperarnos en cada esquina con la navaja trapera. En el caso de María Zambrano, su amiga y confidente, sorprende, conociendo la deuda intelectual que el autor había contraído con ella. Que la compare con Lola Flores, después de lo que escribió de ella el día de su muerte, no es casi ni ofensivo. En otros casos abruma: “7 de diciembre de 1991. Retener el nombre de estas dos personas –Ramón Gascón y Martínez Sarrión–, que no recuerdo haber conocido, como símbolo de la estupidez. (No recuerdo por qué escribí esto. Sólo recuerdo que la conclusión era inamovible. 7 de enero de 1992)”. Una vez más no quiere conocer, no quiere recordar, pero sí que otros conozcan, que otros recuerden.
  1.  Pese al título, Diario anónimo, sus páginas le sirven a su autor para un registro puntual y puntilloso (hora, lugar, año, día, circunstancia, almuerzo, cena, conferencia) de su encuentro con Lezama Lima, María Zambrano, Neruda, Borges, Cortázar, Goytisolo, Nicolás Guillén, Tàpies, Leiris, Jabès, los famosos, los alguien, los todo menos anónimos, y un paso detrás los ministros, los directores de museo, los editores. Sabe de su importancia. Independientemente de la opinión que le merecen, los cultiva. En sentido estricto: mística de salón. ¿Qué se puede hacer por un autor que habla página sí página no de la máscara y de desdibujarse en la improbabilidad? Viendo lo en serio que se toma su comparecencia en estas páginas, no ya lo probable o lo posible, sino su necesidad imperiosa de ser y de ser reconocido, lo mejor que habrían podido hacer sus editores habría sido publicar este Diario anónimo de forma anónima. Hacerle desaparecer de él, ayudarle a ello, tal como asegura que quería, tal como nos pide un moribundo. De no ser así, no es más que un jueguecito literario sin consecuencias y más o menos obsceno. Decir que el poeta es un fingidor hay que sostenerlo con la vida de Pessoa. De lo contrario, el poeta no es un fingidor, es un impostor. E iba a tener razón el autor creyendo que España era, literariamente hablando, “un país miserable”: no leeremos ni una sola reseña de este libro que no lo presente, tal y como quiere su prologuista, como un “acontecimiento de primer orden”.
  1. Se lo recordaba el autor a Francisco Brines, con ocasión de la aparición de la Antología de Hortelano de los poetas del 50: “En esa antología sólo hay un poeta y medio”. Dando por descontado que el poeta sería el autor, le intrigaba a Brines quién creería que era el medio. Naturalmente el poeta y medio era su interlocutor. Pese a su convencimiento de ser el poeta futuro al que se refirió Cernuda, engendrado por éste con intervencion directa del Espíritu, tal y como nos dice en uno de sus últimos poemas, se diría que las dudas le atenazaron hasta el final. En una de sus últimas anotaciones puede leerse: “La forma más peligrosa del resentimiento es la del que no podrá nunca perdonar a los demás su propia insignificancia”. Y eso que está pensado para todos los otros, para todos nosotros, se diría que acaba volviendo sobre él, a modo de autorretrato involuntario y no explícito, como cola de un escorpión.

11 comentarios:

  1. Tal vez el título de diario anónimo no vaya muy desencaminado; quizás a los próximos o a los editores los haya perdido la impaciencia.

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  2. Estaba obsesionado con todo aquello que con palabras no se puede explicar.Sr.Trapiello Gracias por sus entradas

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  3. Su entrada, valiente.
    Lo mejor: no nombrar al anónimo autor.
    Me pregunto cómo le habría sentado a Valente.

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  4. Estupendo, Andrés. Qué buena ocurrencia la de dejar anónimo al anónimo, con lo que él era consigo... La modestia del título es muy característica del vanidoso que fue: él, el pobrecito anónimo,mistiqueando, y con la faca siempre afilada.

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  5. ¿Es necesaria tanta saña con un poeta ya muerto?

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  6. Con respecto al post anterior, habría tal vez que preguntarse si era necesaria tanta saña en un poeta vivo.

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  7. ¿Necesaria la saña? Ni con los vivos ni con los muertos, por favor. Y si de vivos y de muertos se trata, mejor invocar a San Andres de Teixido: según es sabido, quien no va de vivo irá de muerto. Saludos.

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  8. ¿Lucía peluquín el anónimo? Siempre tuve esa duda tan importante. Saludos

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  9. No debe extrañar al autor de este prejuicioso manifiesto anti-Valente que un poeta de la transcendencia cite y lea a Heidegger, a Nicolás de Cusa, filosofía zen, biografías sobre monjas iluminadas,a Jabès y ensayos sobre mística medieval : son su mundo. Tampoco debe sorprender que el escritor gallego cite "en todas las lenguas del Pentecostés": era un excelente traductor.

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  10. PERU tú, muerto,
    ya no puedes llorar, llorarme.
    Dime.
    (Insomnio)
    Lo que vale es esto,lo demás puede ser.....

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