18 de septiembre de 2011

Dichas soñadas

CUANDO vivió en Marsella, Simone Weil mantuvo correspondencia con un campesino español que permanecía en el campo de refugiados de Vernet. En una de las cartas le dice: “Un amigo me prestó hace meses un libro de coplas españolas, y he copiado algunas porque me parecían bellísimas. No conozco otro país en el que se dé una poesía del pueblo semejante. Usted seguramente se sabe más que yo, pero tal vez le agrade recibir de vez en cuando alguna que le copie yo”. Lo cuenta en uno de sus Cuadernos, fascinante e inagotable pósito, como lo son los Cantos populares españoles, de Rodríguez Marín, a los que Weil se refiere. Abelardo Linares publicó en Renacimiento hace unos años, reunidos, los cinco volúmenes de Rodríguez Marín y los Cuadernos de Weil aparecieron en la editorial Trotta. Aquí van algunas de las coplas que leyó Weil para nosotros hace setenta años y que cuarenta años antes había recogido Rodríguez Marín después de que el alma anónima del pueblo las hubiera puesto en circulación mucho antes aún. Ni que decir tiene, las que eligió Weil son del pueblo, cierto, pero reactivadas por ella son también las de Weil.

Al pie de un árbol sin fruto                            Si quieres subir al cielo
me puse a considerar                                   tienes que subir bajando
lo poco que vale un hombre                         hasta llegar al que sufre
cuando no tiene que dar.                              y darle al pobre la mano.

Dicen al verme reír                                      Para hacerse invisible
que mi suerte es la mejor;                          cualquier hombre,
tan hecho estoy a sufrir                              no hay medio más seguro   
que me río del dolor.                                   que hacerse pobre.

                                Soñé que me querías
                                la otra mañana,
                                y soñé al mismo tiempo
                                que lo soñaba.
                                Que para un triste
                                aun las dichas soñadas
                                son imposibles.


3 comentarios:

  1. Ya estoy buscando los cinco volúmenes de Renacimiento. Gracias Andrés.

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  2. Esta petenera, diciendo lo mismo, la he escuchado yo así:

    Al pie de un árbol sin fruto
    me puse a considerar
    qué pocos amigos tiene
    quien tiene poco que dar.

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  3. Estas coplas conmovedoras (más unidas a Weil y los campos) me recuerdan algo leído en Machado del tipo de cuando encontréis una nota firme,segura en mi obra no lo dudéis la he tomado del pueblo.
    Gracias a Weil,Marín,Linares,Trotta,Usted por trabajar para el pueblo y no cobrarnos por ello.

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