7 de septiembre de 2011

Aristócrata de intemperie (2)

Es hoy JRJ una figura indiscutible, y esto tampoco lo discute nadie. Qué duda cabe, de haberles sido dada una vida longeva a aquellos poetas e intelectuales que le hostigaron tanto en los años veinte, treinta, cuarenta, cincuenta, sesenta, setenta, ochenta y parte de los noventa, se habrían sumado hoy a la admiración general de que goza (algunos aún pudieron subirse en marcha a ese tren de la admiración), aunque lo cierto es que comprendemos la irritación que podía producirles su aristocracia de intemperie. Abrigados en lo políticamente correcto (y no olvidemos que durante muchos años políticamente correcto fue ser fascista o comunista), es natural que esa aristocracia de intemperie poética o política les pareciese una gran insolencia a los profesorales vanguardistas o a los poetas sociales que vinieron a continuación, y claro, principalmente a los que eran al tiempo poetas comunistas o compañeros de viaje.
Decididamente, ¿qué podían hacer con alguien que no sólo iba más lejos que ninguno de ellos en lo poético, sino que veía más que ninguno también en lo político? Así podemos leerlo en este Alerta: “La Segunda República Española, 1931, fracasó a mi juicio, porque sus políticos no pertenecían en política ni, por tanto, en amor universal, a su tiempo; fracasó porque sus hombres eran todavía del siglo XIX, en el que un confuso romanticismo intelectualista de democracia con levita tenía relegado al espíritu a una especie de arca del tesoro, al que se aludía cuando era necesario, pero sin gastarlo. El espíritu [sin embargo] hay que gastarlo y llevarlo gastado a la muerte”. (…)
“En el destierro español actual, cuando todos los políticos españoles desterrados, los hombres políticos de la República de 1931, se han dado a escribir, se han visto más claramente aún que en España, porque el destierro es un gran punto de vista, los gustos literarios, artísticos y científicos, la vocación, el amor de estos llamados revolucionarios españoles. Han sacado de España una España de burguesía romántica del siglo XIX, con toques idealistas de opereta en el mejor caso, o de melodrama o trajicomedia en los casos peores, que no puede volver, y por eso ellos no pueden volver a una España futura. No son de ella, no son futuro, y los mejores, un Besteiro, han muerto. La España más o menos imperialista que está ahora en España se parece mucho a la España republicana, etc., del destierro; la España de dentro casi igual a la de fuera, un revés de aquélla o ésta, porque un revés no es nada nunca muy diferente de su derecho. El revés está pegado al derecho por las espaldas, no se pueden separar. No hay que ser revés ni derecho de nada, hay que ser y estar sueltos, libres”.
¿Podían, pues, sus contemporáneos pagarle con otra moneda que su desprecio, sus risitas, sus bromitas, sus estocadas en los periódicos aludiendo a su pretendida cursilería y su neurastenia? Y sucedió así dentro y fuera, en los dos bandos, en las dos Españas, ensañadas con la tercera que representaba él. ¿Y podían hacer otra cosa los Castellet, Biedma y el resto de la tropa que vetarle en sus antologías? ¿Podían tolerar que alguien comparara el exilio con el franquismo, a ellos, "señoritos con mala conciencia" que “sufrían” el franquismo, y menos si ese alguien “disfrutaba”, como JRJ, el destierro? ¿Y qué dirán de palabras tan sueltas y libres como las suyas ahora muchos que aseguran admirarlo, pero a los que sin duda seguirán atragantándoseles?

3 comentarios:

  1. Así, a bote pronto, se me ocurren dos nombres que nunca escatimaron la importancia de la obra de JR : José Hierro y Ángel González

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  2. qué curioso, ¿no?, el desprecio biedmaniano a JRJ, aristócrata de intemperie, cuando escribió también Gil de B su célebre verso... "vivir como un noble arruinado entre las ruinas de mi inteligencia", misterio y miseria de ese escombro poco noble, la verdad, acelerado quizás en las Filipinas.

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  3. A mí, sin embargo, con todo el respeto hacia Don Andrés, las palabras de JRJ, me parecen injustas, lo que en modo alguno me llevaría a ningunear su obra. Para empezar, eso de la "relegación del espíritu" se me antoja un tanto vaporoso, y, si entiendo lo que el maestro de Moguer quiere decir, se me da que inevitable, en una España que había transitado por el siglo XIX sin llegar a conocer los rudimentos de un sistema democrático, salvo que se entienda por tal el podrido sistema de la Restauración. Se trataba de una tarea pendiente que había que realizar y a ella se entregaron los prohombres de la República, muchos de los cuales habían abrevado en la aulas de la ILE. Que luego todo volase por los aires debido a la crispación política de los años 30, es otra historia. Pero eso no me evita mirar con cierta nostalgia de lo que pudo ser y no fua a esa "democracia con levita" que tanto denosta JRJ.

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