ACABA de publicarse La guerra civil. ¿Cómo pudo ocurrir?, de Julián Marías, (Ed. Fórcola) un breve ensayo de 1980 que apareció parcialmente en 1985 y que sólo ahora ve la luz como librito exento. Es, por tanto, algo que se escribió casi cincuenta años después de la guerra, en la que Marías era un soldado de veintidós años al servicio de la República en labores de traductor, periodista y escritor en ciernes.
Las cosas que dice en él no son, no podrían ser, las que Marías pensara o dijera en 1936, aunque ya entonces, según nos confiesa, las pensaba clara, netamente. En cualquier caso no son las que dijo ni las que hubiera podido decir entonces, pues, como él mismo recuerda, por mucho menos lo habrían eliminado.
Nos habla en su escrito de la imposibilidad de esa tercera España, la suya propia, que sucumbió a "la frivolidad" de las dos minorías revolucionarias empeñadas en liquidarla. Y aunque dude uno de la exactitud de su diagnóstico ("La guerra fue consecuencia de una ingente frivolidad. Ésta me parece la palabra decisiva. Los políticos españoles, apenas sin excepción, la mayor parte de las figuras representativas de la Iglesia, un número crecidísimo de los que se consideraban «intelectuales» (y desde luego de los periodistas), la mayor parte de los económicamente poderosos (banqueros, empresarios y grandes empresarios), los dirigentes de sindicatos se dedicaron a jugar con las materias más graves, sin el menor sentido de la responsabilidad, sin imaginar las consecuencias de lo que hacían, decían u omitían"), aunque dude uno de ese diagnóstico que desaprobarían por frívolo la mayor parte de los protagonistas incursos en sus respectivas revoluciones, no podemos estar más de acuerdo cuando dice que "la inmensa mayoría de lo que se escribió en ambas zonas [durante la guerra] fue literalmente vergonzoso. Es alentador, pero infinitamente penoso, leer lo que escribieron muchos que tenían pretensiones de intelectuales, literatos, profesores, eclesiásticos, hombres de leyes. Hubo excepciones, sin duda, de decoro literario, nobleza, generosidad y valentía; pero no pasaron de excepciones".
Estando de acuerdo con él, habría estado bien que tratándose de excepciones Julián Marías las hubiese nombrado, aunque seguramente él no pudiera ser una de ellas, por edad y por las razones también aducidas en su escrito, habrían durado muy poco en cualquiera de los dos bandos.
Y sí, tiene razón en que muchos "jugaron con las materias más graves", pero eso hay que entenderlo a la luz de la doctrina de su querido Ortega y Gasset, de quien los jóvenes aprendieron que el signo de los tiempos era el espíritu sportivo con el que había que hacer sobre todo la revolución, llevándose por delante a todo aquel que no estuviese de acuerdo con ella, fuese cual fuese esa revolución.
En fin, si dijimos, al hablar de Chaves Nogales y su decisivo prólogo en A sangre y fuego (1937), que uno de los méritos de este, no pequeño, fue la temprana fecha en que lo escribió, a diferencia de tantos que con el tiempo fueron corrigiendo o enmendando el tiro de sus observaciones, y no siempre de manera oportunista (pensemos en Ridruejo), bienvenido sea este librito de Julián Marías que viene a sumarse a aquellos que se escribieron y publicaron cincuenta años antes, el propio Chaves, Clara Campoamor, José Castillejo o Gaziel, quien dijo, él sí, en 1944, y a propósito de Ortega y Gasset y de cuantos intelectuales trataron de "nadar y guardar la ropa. Pronto supe que iban ubicándose silenciosamente y a hurtadillas en la facción que más les convenía (...) Ahora me parece que se ve con nitidez la absoluta necesidad de esa tercera España. Como nadie se ha preocupado seriamente por prepararla, los españoles de hoy siguen obsesionados con las otras dos, las causantes de la catástrofe".
En fin, si dijimos, al hablar de Chaves Nogales y su decisivo prólogo en A sangre y fuego (1937), que uno de los méritos de este, no pequeño, fue la temprana fecha en que lo escribió, a diferencia de tantos que con el tiempo fueron corrigiendo o enmendando el tiro de sus observaciones, y no siempre de manera oportunista (pensemos en Ridruejo), bienvenido sea este librito de Julián Marías que viene a sumarse a aquellos que se escribieron y publicaron cincuenta años antes, el propio Chaves, Clara Campoamor, José Castillejo o Gaziel, quien dijo, él sí, en 1944, y a propósito de Ortega y Gasset y de cuantos intelectuales trataron de "nadar y guardar la ropa. Pronto supe que iban ubicándose silenciosamente y a hurtadillas en la facción que más les convenía (...) Ahora me parece que se ve con nitidez la absoluta necesidad de esa tercera España. Como nadie se ha preocupado seriamente por prepararla, los españoles de hoy siguen obsesionados con las otras dos, las causantes de la catástrofe".
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| Banderas. El Rastro, 14 de septiembre de 2012 |








