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24 février 2017

La Plaza del Grano

COMO acaso sepas, las autoridades de León tienen el propósito de acabar con el rincón más hermoso de esa ciudad, la Plaza del Grano. Desde hace años una plataforma cívica trata de detener los planes placicidas de los municipales. Ayer, convocada por esa plataforma, se celebró una manifestación en la que participaron miles de vecinos. Los convocantes le pidieron a uno unas palabras que les acompañaran en esa jornada. Estas son:

Ninguna causa me es más grata que esta de intentar salvar la Plaza del Grano de un mal entendido Progreso, y ninguna, hoy por hoy, más justa.

La Plaza del Grano es lo que es y ha llegado a nosotros en su estado original (más o menos) gracias a que no había despertado hasta ahora el interés de los especuladores y la autoridad municipal, que tantas veces han ido de la mano en la destrucción de nuestro patrimonio histórico, material e inmaterial.

Tenemos derecho a recordar, y queremos recordar esa plaza como lo mejor de un tiempo en que la palabra "pueblo" tenía un significado noble que quieren avasallar hoy en nombre de esa otra palabra dudosa, "el público". Vivimos hoy en esta plaza una lucha entre público y pueblo.

Todo lo que no sea conservar cada una de las hierbas que crecen en las llagas de los cantos rodados de la plaza, será un atentado gravísimo. Acabad con esas hierbas humildes, corregid y nivelad el firme, moved de sitio una sola de sus piedras, y habréis acabado con el carácter del rincón más sereno y poético de la ciudad. Acabad con esa plaza y esa será para muchos que la conocieron una tristeza tan viva, que preferirán no volver a poner los pies en ella nunca más. Será mi caso y tal vez el de muchos más. Si eso llegara a suceder, tras esta ejemplar campaña de los quijotescos activistas contra los molinos de la administración y el lucro, sería una burla y quedaríamos a un tiempo, como decía don Quijote, ofendidos y afrentados.




21 octobre 2015

La gloria

HACE unos días, dos personas para mí desconocidas u olvidadas, Juan de la Sota y Blanca Sáinz, enviaron al correo de mi página web esta fotografía que ni siquiera sabía que existiese, recuerdo del día que visité el Pórtico de la catedral de Santiago. De la Sota formaba parte de los equipos que lo restauraban a las órdenes de José María Cabrera, y se ve que hizo esa foto, que le agradezco encarecidamente. Yo no conocía esa ni ninguna otra foto de aquel día, en verdad único. De lo que allí sucedió se dio cuenta en uno de los tomos del Spp. No recuerdo cuál. Corría el año 1993 y yo tenía cuarenta años. No miento si digo que aquél fue el momento en que estuve más cerca de la Gloria. Breve pero memorable.

AT. Pórtico de la Gloria, Santiago de Compostela, 1993.

17 septembre 2014

Un abrecartas (5)

ESTE, que era modesto hace 120 años, despierta la mirada del niño ante un tesoro: no hay mapa que no lance por delante nuestra imaginación. Sus dorados colores y la compañía que lo hizo seguramente para regalo de sus clientes, The Easter Extension Telegraph Company, con oficinas en el 50 y 11 de Old Broad St., de Londres, nos llevan hasta Kipling y con él a tiempos en los que la palabra lealtad valía por sí lo que ningún imperio. 
En su mango figura un calendario, 1895. Todos aquellos días son hoy ya muy lejanos. Este en que los escoceses tienen ante ellos, intonso aún por veinticuatro horas, el libro de su futuro, la ventura o desventura que les deparará mañana su triste referéndum, este, decía, también será lejano día para hombres y mujeres acaso más felices que nosotros porque habrán aprendido a no jugarse la vida a cara o cruz, lanzando una moneda al aire en nombre de la mitología y de la Historia.


Septiembre de 2014. Otras entradas de abrecartas: 12 y 3

22 juin 2014

Álbum de Historia Natural (3)

DECÍAMOS ayer cómo Pirala, hablando de tal o cual animal, podría parecer que lo hacía de tal o cual personaje real o de ficción. Y en unos años como los presentes en los que el lenguaje se ha vuelto ramplón y descolorido, halla uno un placer indecible en volver a un Paraíso como este en el que las fieras, mansas o sanguinarias, llenarían la imaginación de los niños con indelebles caracterizaciones:
"La cabra, con más instinto y recursos que la oveja, se familiariza con el hombre, gusta que la acaricie, le toma inclinación, y es robusta, ligera, ágil, viva, caprichosa y vagamunda". O sea, como la mayor parte de nosotros.
"Es uno de los animales más notables, mayores y más hermosos; y sin ser nocivo, es de los más inútiles"; habla de la jirafa, pero ¿quién no podría ponerle a esa descripción un nombre y dos apellidos?
"A una fuerza prodigiosa, reúne el valor, la prudencia, la serenidad y la obediencia. Conserva la memoria de los beneficios y de los agravios, y se venga de estos. Su índole es suave y sociable, y protege a sus semejantes". ¿Hay quien no quisiera reencarnarse en elefante.
"Animal fogoso, gallardo, noble, valiente, dócil cariñoso, de gran fuerza y amigo de estar en compañía de sus semejantes o al lado del Hombre " (el caballo); "humilde, paciente, sobrio" (el asno); "es un criado infiel; educándole se le hace tratable y zalamero, pero es astuto, ratero, ladrón, sabe ocultar sus pasos, disimular sus designios, acechar las ocasiones, esperar, elegir y aprovechar el instante de ponerlos en práctica (...) Nunca mira el rostro de la persona amada; y sea desconfianza o falsedad, siempre busca rodeos para acercarse a ella, y procura caricias que sólo agradece o sufre, por el gusto que le dan. Es además pulido, ligero, mañoso, voluptuoso, aseado y muy cómodo". Cuando se nos dice que se está hablando del gato, todo cuadra, pero afinar tanto en un retrato sólo está a la altura de Buffon o de Balzac, veterinario uno y médico el otro de parecidas anatomías.
                                                                        (Continuará pasado mañana)



21 juin 2014

Álbum de Historia Natural (2)

REPRODUCIRÍA por gusto muchas de las viñetas de este Álbum y los textos de don Antonio Pirala. Que Pirala no había visto la mayor parte de los animales que referencia no fue óbice para que los adjetive de modo magistral. Al igual que estudia Juan Pimentel en su libro el caso de aquellos pintores que figuran animales sin haberlos visto (el caso de Durero y su célebre rinoceronte es ya referencial), podríamos seguir el rastro que muchos de estos animales han dejado en la caracterización humana, no sólo entre los fabulistas como La Fontaine.
Veamos un ejemplo. Ignoro por qué razón algunos de mis hermanos mayores dieron en llamarme "Gorila" con siete u ocho años, cosa que me mortificaba y desesperaba lo indecible. Por suerte para todos, la moda pasó y se olvidaron pronto del mote, como me olvidé yo, hasta ver el primero de los animales que comparecen en esta obra y leer el texto que lo acompaña. Cierto que el orangután no es de la misma familia que los gorilas, pero leyendo lo que Pirala dice de este parece que estuviera hablando del que yo era entonces, y aun hoy mismo, cincuentaitantos años después: "gusta de las caricias y de vivir acompañado: es inofensivo".
                                                             (Continuará mañana)



20 juin 2014

Álbum de Historia Natural (1)

CONOCEN bien los lectores de este Almanaque cuánta importancia se dan en él a las cosas curiosas, ligeras y de interés general dudosísimo. Sin muchas de ellas nuestra vida sería mucho más monótona y triste.
Por los mismos días que su autor, el historiador de la ciencia Juan Pimentel, nos regaló su libro El rinoceronte y el megaterio, (Abada Editores, 2010), tentador y me dicen espléndido ensayo de morfología histórica, encontraba en el Rastro este Álbum de Historia Natural, con láminas para uso de los niños, de don Antonio Pirala, que sería años después el célebre historiador de las guerras carlistas. Se publicó en Madrid en 1852, se anunciaba como "obra de lujo" y se vendía encuadernado a 4 reales de vellón.
Su rareza (ningún ejemplar en mercado y sin referencia en las bibliografías exiguas de la wikipedia) sólo es comparable a su tosca y encantadora belleza, proporcionada en parte por los grabados de boj que lo ilustran profusamente. En su estilo es uno de los libros más bonitos que haya visto uno del siglo romántico. La conservación de la encuadernación original de época, en papel moaré, le añade aún más encanto, si cabe.
El haberse destinado a los niños explica seguramente que no hayan llegado demasiados ejemplares hasta nosotros, pintarrajeados, rotos o devorados por quienes de todos modos debieron fascinarse con esta pequeña arca de Noé, como espero se fascine el lector de esta ventana.
                                                            (Continuará mañana)



18 mai 2014

Caja de música


LA encontró el amigo José Vicente Fuster, y la subió a Fbook, pensando que tal vez le gustaría a uno, y no sabe cuánto acertó. 
Porque no hay ni una sola herramienta creada por el hombre, incluso aquellas de apariencia más tosca o destinadas a los trabajos más rudos y serviles, que no lleve consigo su melodía, como lleva consigo cada uno de nosotros su novela. Y así podríamos decir que no hay caja de herramientas que no lo sea también de música, y no lo digo sólo por esta, donde todo parece escalado o en arpegio, como no podía ser de otro modo, teniendo en cuenta quién la fabricó. Incluso en la mía, aunque en este caso es más bien dodecafónica y muy Schönberg.


Master craftsman Henry O. Studley (1838-1925) was an organ and piano maker, carpenter, and mason. He is best known for building this incredible tool chest during his tenure at the Poole Piano Company in Massachusetts, working on it over the course of 30 years. Using ebony, mother-of-pearl, ivory, rosewood, and mahogany – all materials used in the manufacture of pianos – he refined the chest to the point that, even now in the 21st century, it is still in a class by itself. The Studley Tool Chest holds 300 tools, yet measures only 9 in. deep, 39 in. high, and 18 in. wide, when closed (22.86 x 99.06 x 45.72 cm). Every tool has a custom-made holder to keep it in place, many with  beautiful inlay, and tiny clasps that rotate for easy access. As the chest folds closed, tools from the left side nestle precisely between tools on the right side.



29 janvier 2014

Nada sin sombra (1)

SE recordaron ayer aquí algunas leyendas de relojes de sol. De todos los relojes, los de sol tienen algo especial.
Los mecánicos hechos de giros, con su tic tac implacable y un tanto asmático, parecen recordarnos no una suma de instantes, sino la resta de ellos. No sé, ese tic tac tiene mucho del toc toc de los pasos de la solitaria muerte que llega.
Los de arena... los de arena son aún más terribles, con toda esa arena formando en la ampolla el túmulo funerario. No sé si esta imagen procede del libro de Jünger o de una greguería de Gómez de la Serna. Al no haber ningún reloj de arena tan grande que dure más allá de unos minutos, ni el estar dándole la vuelta cada poco es cosa práctica, se diría que los relojes de arena fueron pensados sólo para medir lo que se acaba o ha de acabarse de forma irremediable. El de arena es el reloj de los verdugos.
No he visto nunca una clepsidra, seguramente serán bonitas, el agua que corre lo es, pero... demasiado frías: agua, ahogados.
Los digitales tienen todos algo de antipáticos cronómetros, pensados para un mundo en el que nos han lanzado a una loca carrera que te obligan a correr como los 100 metros siendo una maratón.
Sólo los relojes de sol parecen recordarnos el instante apacible, el infinito juego de la vida entre la luz y su sombra. Sólo ellos parecen decirnos: tú eres la medida de tu tiempo.
                                                                                         
                                                                                             (Continuará mañana)

Reloj de sol de la Villa delle Ginestre, en Torre del Greco, donde vivió Leopardi. 26 de septiembre de 2010

2 janvier 2014

Trivio y cuadrivio (6)


TRAE el Año Nuevo una carta. La carta está lacrada. Vienen en ella noticias detalladas de lo que nos aguarda. Para leerla es preciso romper el lacre, en el que ha quedado la impronta de un sello. Enigmático sello es el pasado. Hay algo fascinante en el lacre, tiene algo de precioso, quizá el secreto que cela con tanta delicadeza. Todo secreto tiene mucho de perla entre dos valvas.
Hace días leía esto en mi pequeño Trivio y Cuadrivio: “Se da el nombre de Lacre a una mescla de sustancias resinosas fusible o inflamable, reducida a barritas colocadas, negras o de otro color, destinadas para cerrar y sellar cartas, paquetes, etc., derritiéndolo y dejándolo caer ardiendo sobre la cosa que se quiere cerrar o sellar en forma de gotas o lácrimas, de cuyo nombre latino, lacrima, se formó el de lacre”.
Y de pronto ha comprendido uno de dónde procede la alegría que experimentamos al recibir una carta y abrirla. Si sólo las lágrimas pueden cerrarla, únicamente la alegría, al menos en una primera instancia, conseguirán abrirla. A esa alegría la llamamos también esperanza. Y con esperanza abrimos hoy la carta que ha traído el Año Nuevo.


Las Viñas con niebla, 1 de enero de 2014

29 juin 2013

El buque fantasma (1992)

APARTE de que a algunos se les atragantara de esa novela que se dijese en ella que habían hecho más por los parias-del-mundo-uníos las hermanitas de los pobres y demás monjitas de la caridad, que todos los soviets juntos, aparte de eso, creo que molestó mucho su desafortunada y fea cubierta, encargada a una agencia de publicistas. En ella se veía a Lenin sacando la lengua. Más que una lengua parecía un pimiento del piquillo. Yo creo que habría sido mejor esta que se reproduce aquí, que hice yo por mi cuenta, sin que nadie me la hubiese pedido y que rechazaron acaso sólo por eso. No es gran cosa, pero era más divertida, aunque sólo fuese para molestar a los del PCCh, aún en el poder. (Las tipografías, ni que decir tiene, venían impuestas, quiero decir que eran las habituales de aquella casa). 
Acaba de aparecerle a uno en una carpeta con papeles viejos. La creía perdida. Estaba hecha a partir de la foto de un guardia rojo interpretado por un bailarín de la Ópera de Pekín (folleto oficial), y las piernas de una vedette norteamaricana, para no salirnos del mundo del espectáculo. Los colores del guardia rojo eran de revista porno años sesenta, en cambio las piernas de la vedette eran, cómo decirlo, de lo más convincentes.


12 juin 2013

De la amistad

SE hablaba ayer aquí de madres y de regalos y tesoros. Los hijos también traen los suyos. Acaso el primer gran regalo de un hijo a sus padres, en su paso a la edad adulta, sea el de compartir sus amigos con ellos. Claro que un padre y una madre se colocarán un poco a distancia, por no interrumpir esa relación que tienen los jóvenes, por lo mismo que dejan que los hijos tengan entre sí sus apartes, a veces para ocuparse de las excentricidades o incomprensiones parternas. Con los amigos de los hijos sucede algo singular y muy grato, pues amigos y padres se diría que quisieran agasajarse y agradecerse mutuamente, los amigos hacia los padres por haber engendrado a aquellos con los que comparten tantas cosas, y los padres por ver cómo los amigos cuidan y mejoran a sus hijos. A ese desinterés puede dársele también el nombre de camaradería. Una camaradería diferente a la que tienen entre sí los jóvenes, una camaradería respetuosa, como no podría ser de otro modo entre viejos y jóvenes. Lo dice alguien de sesenta años.


Sebastián Taberna. El Rastro, 9 de junio de 2013


8 juin 2013

La flagelación erótica

QUIENES frecuentan el Rastro, las almonedas o los mercadillos saben que la realidad gusta de componer caprichos inauditos. Tanto como el libro (cuyo título, La flagelación erótica, se completa con todo lo que sigue, inquietante: "La flagelación erótica en las escuelas, en los conventos y casas de corrección; en las cárceles y en los presidios, en la alcoba conyugal, en las mancebías, etc., etc.", "estudio avalorado con la exposición y análisis de gran número de casos observados"), tanto como ese título, decía, llaman la atención las gomas que a modo de flagelos tienen al libro constreñido y atado, como una criatura partidaria del sadomasoquismo.

La flagelación erótica, Carlos Ameller, Ed. Barcelona, 1932



7 juin 2013

Crimen y castigo

EL emperador Zenón estupró a una muchacha y la tuvo por fuerza. La madre de ella rogó a una Virgen de la que era muy devota y le pidió "venganza y castigo" para el tirano emperador, y de la Virgen creyó oír una que voz que le decía: "Ya estuvieras vengada, si las limosnas del emperador no nos hubieran atado las manos".
La cita, de Pedro Casinio, la recoge Mateo Alemán en su Guzmán, confirmando aquello que se decía: "Vinieron los sarracenos y nos molieron a palos, que Dios ayuda a los malos cuando son más que los buenos", y desmintiendo de paso aquello que leemos en el propio Guzmán: "A tuerto y a derecho, ayude Dios a los nuestros".

El Rastro, 5 de mayo de 2013

6 juin 2013

La marca España

HACE ya algunos años que ha quedado en nuestro léxico familiar algo que nos contó un amigo. Acostumbraba este, cada año, a llevar a la cena familiar de Nochebuena un jamón, un gran jamón de pata negra, que era la admiración y deleite de todos. Excepto de un pariente (cuñado tenía que ser), quien, inexorable, año tras año, mientras se comía el jamón (de gorra, hay que decir), y dirigiéndose a su mujer pero dicho para todos, como si se preguntara muy a lo Manrique "los jamones de antaño, ¿qué se hizieron?", suspiraba: "Para jamón jamón, el que nos comimos en Sevilla".
Y como enseñanza de ello nos ha quedado desde que nuestro amigo nos contó su triste caso, el extremo cuidado que ponemos en las comparaciones, principalmente entre los superlativos. Lo decía Nietzsche: desde una cumbre, las que se ven, todas son cumbres, ni más altas ni más bajas. No hablamos, claro, de las eminencias que ayer le presentaron al mundo la marca España.

La marca España. Cortesía de Pablo Leivar. Pillado en internet

19 mars 2013

Lombrosiana

TRABAJANDO con Alfonso Meléndez en la cubierta de Miseria y Compañía y otras de La Veleta, y buscando él en sus bodegas algunas ilustraciones, le apareció esta, de una página interesante. Le habría encantado a Baroja y a Solana, pero también a los surrealistas. Y pasada la primera impresión y la sorpresa de los detalles (el espejo, para fichar igualmente sin más gastos el perfil, o las manos) conmueve de todos ellos el fondo de su mirada, en la que se escribió una triste novela hoy perdida.


16 mars 2013

La felicidad circulada


TERMINANDO un escrito para un libro nuevo de Martín Carrasco sobre las postales en Madrid (1887-1905), me apareció este otro para otro libro también suyo de hace unos años, y que me apetece circular para cuantos no llegaron ni llegarán jamás a aquel libro, ya agotado.
* * *
En 1865 el astuto funcionario de Correos prusiano Heinrich von Stephan ideó un sistema que hacía de la comunicación postal entre las gentes un asunto enormemente atractivo. Fue en cierto modo algo sencillo, como el famoso huevo de Colón. Hasta ese momento las cartas misivas, oficiales o comerciales precisaban de un complejo y bien dotado sistema de postas y verederos, que hacían del servicio algo en realidad muy caro del que nadie se beneficiaba. Digamos que lo incierto de las comunicaciones y las penosas condiciones de los caminos, terrestres o marítimos, no siempre eran el mejor acicate para las empresas privadas que se metían a ese negocio, y en cuanto a los correos nacionales resultaban tan onerosos para las arcas del Estado, que hacía falta una mente genial que diese al fin con la cuadratura del círculo. Había que abaratar costes, desde luego; ese era el problema. ¿Cómo? El único modo de hacer algo barato consistía en que la gente se escribiera más a menudo dando cuenta de sus menudas cuitas. Correos no podía esperar a que se muriera una vieja tía o que naciera un niño para que la gente se decidiera a participárselo a sus parientes y amigos. ¿Pero cómo convencerles de que podían contar muchas otras cosas, y más a menudo, sin aguardar a que se cerniese sobre ellos la desdicha o la felicidad? Haciendo que la comunicación fuese mucho más barata. Es decir, espoleando el consumo. Ese fue el minuto estelar que la historia le tenía reservado a Heinrich von Stephan, a quien se le ocurrió que lo que las gentes sencillas podían contar, a mitad de precio, cabía en un trozo de cartulina de unas determinadas y reducidas dimensiones. Cierto que aquello que relataran podía leerlo todo el mundo, pues la condición esencial era que tales cartulinas no podían ir metidas en un sobre como iban las cartas, ¿pero quién no quiere airear las buenas noticias? Pues esa fue una característica de esas comunicaciones casi desde su nacimiento: las postales se utilizarían a partir de entonces, y hasta nuestros días, casi exclusivamente para dar buenas noticias, o cuenta de un viaje o de un momento feliz.
Se llamó a las primeras rudimentarias postales “entero postales”, ya que integraban, impreso, el franqueo requerido, y son consideradas las paleopostales y un bien, por su rareza, muy buscado por los filatélicos.
Y como sucede con los negocios que se le ocurren al Estado y que se esbozan prometedores y gananciosos desde el primer momento, en muy pocos años numerosos pretendientes trataron de quitárselo al Estado y administrarlo por su cuenta. Y así ocurrió. El Estado se reservaba el derecho de los franqueos y en unos años casas comerciales, empresas de fletes marítimos y terrestres, establecimientos de postín, fábricas de hilaturas y de los más diversos géneros adoptaron ese método de comunicación con sus clientes, abaratados de modo tan considerable, y empezaron a imprimir sus particulares tarjetas postales.
Y nada como el comercio para expandir las nuevas ideas. En un tiempo extremadamente corto, no sólo los servicios de correos de toda Europa adoptaron el invento prusiano, sino que éste lograba sobrepasar el ámbito comercial y recalar en el de los particulares, dando lugar a lo que hoy conocemos como “tarjetas postales ilustradas con vistas o monumentos”, cuya aprobación postal tuvo lugar en España en 1886, y que durante cien años han mantenido todas sus características. Digamos que las postales, como la bicicleta, fue uno de esos de inventos que nacen ya perfectos.
La primera postal ilustrada circulada que se conoce en España es de 1892 y sólo hay hasta la fecha, documentadas, entre dos mil quinientas y tres mil postales españolas, circuladas de 1892 al 1900, recuperadas en su mayor parte en pueblos y ciudades de Europa, a donde fueron enviadas en su día, lo que habla de su dificultosa recolección. Estas son objeto del libro que ha publicado estos días Martín Carrasco. En cuanto a esos seis años, de 1886 a 1892, traen de cabeza a los coleccionistas e historiadores del asunto, que esperan ver aparecer en algún momento alguna más antigua. Para ellos, la no probada existencia documental de postales ilustradas en ese tiempo quiere decir únicamente que su imposición no fue sencilla, todo lo contrario de lo que ocurriría en 1900, cuando las postales se pusieron inopinadamente de moda en todo el mundo y empezaron a imprimirse, a circular a millones y a ser coleccionadas en todos los rincones, llegando en muchos casos a convertirse en el turismo del pobre.
Los cartófilos, que es el nombre por el que conocemos a los coleccionistas de postales, dan mucha importancia a que éstas sean circuladas. De hecho el valor que tienen para ellos viene determinado en cierto modo por esa circunstancia, saberlas franqueadas y mataselladas en origen y, a veces, mataselladas en destino. Eso, dicen ellos, confiere a la postal su singularidad, y acaso tienen razón, pues de ese modo tienen la constancia de haber salvado de la destrucción un momento feliz de la humanidad, por pequeño que sea.
Ya hace años constatamos en el Rastro y almonedas la  resistencia que las postales mostraban a desaparecer, por contraste con otra clase de cartas y documentos escritos, destinados al fuego o al cesto de los papeles. Se diría que así como nos apresuramos a romper una vieja carta, a veces por no volver a leerla, nos resistimos a destruir una postal. Al principio yo lo atribuía a la belleza de muchas de ellas, en las que aparecían lugares remotos, exóticos, paradisíacos, pero pronto hubo de concluir uno que la razón era bien diferente. La mayor parte de las veces nos hemos servido de una postal para transmitir un minuto de gozo, de dicha plena, de ausencia feliz, en un lugar, sí, remoto, exótico, paradisíaco. ¿Y quién querría destruir el Paraíso y el testimonio de que algún día, en un escondido minuto, existió?
Creo que algo parecido sienten los cartófilos. No es sólo que las postales documenten tal o cual rincón, tal o cual momento de la historia y de las costumbres de la gente. No sólo. ¡Y lo que no daríamos por tener tarjetas postales del siglo XVI, del Alcaná de Toledo, donde Cervantes encontró el manuscrito del Quijote, o de aquellas viejas ventas españolas en las que posó el mismo caballero de la Triste Figura! No hace falta irse tan lejos. Han pasado cien años, y nos parece un siglo, decía un personaje de sainete. Las postales son una felicidad fragmentada, pero casi reciente. Quizá es lo que tiene la fotografía frente a la pintura, no sólo nos parecen más reales las cosas, sino más próximas. Ha podido comprobarlo uno, a menudo, en el zaquizamí que el propio Martín Carrasco, un hombre célebre entre los cartófilos españoles y europeos, tiene en la calle de la Libertad en Madrid, abierto al público, sospecho, más que para vender postales, para comprarlas él mismo. Yo he podido verlos allí, en las estrecheces de aquel local, sentados, horas y horas, pasándolas como mazos de naipes, en religioso silencio como en un gabinete de estampas del British Museum (y quizá fuese éste el momento de recordar que las tarjetas postales han entrado ya en el Museo de Arte de Nueva York, que las está comprando por miles, si no fuese porque el célebre MOMA compra en las mismas cantidades innúmeras porquerías). Sí, puede vérseles desde la calle. Como sombras pacíficas. Pueden ser jóvenes o viejos, ricos o pobres, hombres o mujeres, y buscan en tales trozos comprobar que la felicidad existió, y que circuló libre y anónima por el mundo.
Son las postales el testimonio de viajeros privilegiados, de comerciantes prósperos y de gentes que podían mostrar a los ojos de todos lo mejor de sí mismos (el hecho de que su texto pudiera ser leído por extraños contribuyó desde luego a que en ellas únicamente se vertieran noticias que todo el mundo pudiera leer), de la misma manera que esas vistas panorámicas, ciudades, puertos, mercados, villas, monumentos eran también, generalmente, el lado más amable y feliz de la realidad, donde la verdad, al modo en que quería nuestra amada Emily Dickinson, se decía únicamente de manera sesgada.
Así pues ese es el secreto de que unos cuantos hombres en todo el mundo las busquen, las acopien, las rescaten de su perpetua errancia o de su oscuro limbo y las clasifiquen con amor para poder, en orden, con ánimo reposado, envueltos en el silencio con el que la dicha se presenta (al contrario de lo que se cree la felicidad es silenciosa, como a veces es ruidosa la alegría), restituir al mundo un poco de la fe que el mundo y los hombres han tenido en contados momentos en su propio destino, y decirnos que siguen vivos.
Las que se incluyen en este libro, algunas de las cuales ilustran estas páginas ahora, nos consta que, por un momento, unieron tres o más vidas, tres o más novelas, como novela es la de todos nosotros, venidos a este mundo de las tarjetas postales como quien sabe que aunque no logre reunirlas todas, en cada una de ellas viene expresado, en su recto y su verso, un verdadero Paraíso Terrenal que algunos empezamos a llamar el Paraíso Perdido. Y por eso, lo buscamos.

1. París, postal, hacia 1900, coloreada en los años. 2. León, postal, hacia 1910.

15 mars 2013

De donde venimos (sorpresa y susto)

LEYENDO un libro viejo, comprado en el Rastro, esta sorpresa, seguida de susto. Un recordatorio. Año, 1950. Difunto: Adolf Hitler. 
Que lo circule hoy no tiene nada que ver con la elección del nuevo papa, a quien deseamos el mejor de los pastoreos. En aquel 1950 imperaba en Roma y en el orbe católico Pío XII. Confiemos en que este Francisco no se parezca en nada a aquel Pío. En España imperaba, como se sabe, el nacionalcatolicismo que propiciaba preces como esta. Ayer como quien dice. Ayer no más.

En la letra más menuda (ilegible en esta reproducción), un fragmento del discurso de Hitler a las fuerzas armadas alemanas el día que principió su ataque  a Rusia: "... En nuestra guerra se ha demostrado que los capitalistas, con sus engaños y embustes, que niegan a sus pueblos el derecho a la vida y los sacrifican a sus intereses financieros, hacen una política tan criminal como la de los comunistas con su miseria social indescriptible".



25 janvier 2013

La parada

JMBONET, que nos había mandado el primer tranvía hace meses, nos envió al poco tiempo este segundo del mismo pintor, el simbolista praguense Jakub Schikaneder. Pero este se quedó varado aquí hasta que hoy, conducido por una mano misteriosa, salió de su cochera y empezó a circular por su ciudad, que es el presente.
En este almanaque deberían detenerse los trenes y tranvías, haciendo en él una parada. Porque esto y no otra cosa es un almanaque, una parada, un apeadero, a menudo vacío. Cuánta poesía hay en esos apeaderos de tren de villorrios perdidos, cuánta poesía en las paradas de tranvía, en ese su circular de unos y otros por los raíles con la infinita nostalgia de los caminos libres.


19 décembre 2012

Del calendario Zaragozano

FUE el Zaragozano el almanaque por excelencia y llegaba a todos los rincones de España. Hoy se sigue editando, pero sus cifras de venta, supongo, están lejos de ser las que fueron. A la gente le hará gracia, como un vestigio arqueológico, pero poco más.
Me entretengo en mirar el montón de ejemplares encontrados el otro día. Son todos iguales. Se diría que hasta las predicciones metereológicas que le hicieron célebre son idénticas cada año, a pesar de las cabañuelas. Y al fin ha comprendido uno la razón por la que en España había nombres tan raros hasta hace cincuenta años: los tomaban del sucinto santoral que venía en él, más que de los curas. Sin salir de una página: Socorro, Sinesio, Restituto, Eutropio, Quiteria... Les entregaba a las gentes rústicas las lunas y los soles, los meteoros y el firmamento al tiempo que le señalaba el camino de la vida, la sombra que es para todos nosotros el nombre propio, la sombra que queda aquí entre los vivos cuando ya no estamos entre ellos.
Lo demás en él parece escrito por un poeta, lo que explicaría su grandísima aceptación. Para la cuarta semana del mes de mayo del año 27, el de la generación de los poetas, pronosticaba: "Se afirmará el temporal de bonanza, mejorando de continuo el temple atmosférico, a pesar de que se presentarán algunos nublados tempestuosos, que descargarán con chubascos, granizo y tronadas". Y qué mimo en ese hablar: "tiempo bonancible de temple agradable", "vientos oscilantes o inciertos", "rocíos, neblinas y celajes", "vientos encalmados", "invierno benigno", "se espesarán cada vez más los nublados hasta llegar a verterse en lluvias copiosas y tranquilas".
¿Por qué ya no hablan así nuestros hombres/mujeres del tiempo?


Calendario Zaragozano, 1927. Viñeta de un hombre que se ha pisado un callo y se duele de ello.

18 décembre 2012

Malas digestiones

ES acaso una de las mofas involuntarias más graciosas, y desde luego el mayor escarnio a la vista de todos que se le hiciera a Franco y al franquismo. Figura en la cubierta de este célebre Calendario Zaragozano, subtítulo de un formidable El firmamento verdadero y único legítimo, y así se recoge en Imprenta moderna y también, claro, como uno de los ejemplos excelsos de la tipografía de pobre española al lado de una cubierta de Seoane. Cualquier censor avisado, cualquier fiscal, cualquier delator espontáneo, de haberse percatado del subversivo mensaje habría puesto en apuros como poco al cajista, miembro de una profesión, los tipógrafos, nido de socialistas y anarquistas, pues esto es lo que leemos: "¡Viva Franco! ¡Arriba España! Malas digestiones". 

Invariable desde su nacimiento, el Zaragozano, como se le conoce, tuvo que añadir a su secular cubierta pimentonada, como hicieron tantos comerciantes e industriales, su adhesión inquebrantable. El resto es toda una pequeña novela: desde ese "FIJARSE BIEN en el nombre y los apellidos del autor, para no ser engañados", ya que le salieron muchos competidores al "célebre astrónomo y único observador", hasta el anuncio de esas purgatinas y elixires de Sáiz de Carlos, que decían curar al "98 por ciento de los enfermos crónicos del estómago e intestinos". En la imagen, zaragozano de 1931 y de 1940.