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14 janvier 2021

A propósito de GdeB

Se publica hoy en El Mundo esto sobre el escabroso asunto no resuelto desde hace treinta años. El reportaje de Luis Alemany está muy hecho Estas fueron mis respuestas a sus preguntas.

  1. Muy sencillo: ¿crees que la famosa página del niño, la vivencia y su narración, invalida homenajes públicos como el del Cervantes a JGB?
De lo contrario podría parecer que se trata de blanquear desde las instituciones conductas no solo reprobables sino punibles penalmente, sólo porque quien las cometió era un poeta «prestigioso». Resulta como mínimo chocante la indulgencia con unos y la severidad con otros.

  1. ¿Cómo interpretas el encubrimiento de todos estos años sobre este episodio?
Cuando se conocieron esas páginas Pere Gimferrer, Rosa Regás y Terenci Moix salieron en defensa de su amigo. Los tres me pusieron en su diana. El primero trató de minimizar la pederastia de Gil de Biedma equiparándolo con Antonio Machado, a quien llamó pedófilo; la segunda, llamándome a mí homófobo, y Sergio Vila San Juan leyó a Moix, antes de ponerse este a escribir nada, algunas frases literales; «hosti tu, el Jaime aqui s'ha passat una mica», fue todo lo que dijo; por supuesto, no escribió nada. A Gimferrer le respondí que era una vileza comparar al que se acostaba por dinero con un niño de trece años con quien se casaba con una muchacha de quince, cosa en absoluto infrecuente en la época. Y a Regás le recordé que ella no estaba defendiendo a un homosexual sino a un pederasta y abusador sexual, y que la cosa no iba de homofobia; tampoco replicó.

  1. Supongo que este tipo de casos se están haciendo habituales. ¿Cuál crees que debería ser el criterio general con el que las sociedades y sus representantes debemos acercarnos al recuerdo de artistas o filósofos valiosos cuya vida nos merezca una censura más o menos cierta?
El criterio deberían establecerlo las administraciones. ¿Puede rescindirse el contrato a un tenor acusado de abusos no probados y homenajear al mismo tiempo a quien se ha jactado de pederasta y abusador? Una periodista catalana me preguntó a raíz de aquellas polémicas: «¿Pero usted metería hoy en la cárcel a Gil de Biedma?». Le parecía inconcebible, un atentado contra Cataluña. Yo le respondí: «¿Por hechos como los que relata en ese libro? Yo no; la Guardia Civil». Por otro lado aquí no se juzgan valores literarios, sino hechos. A Celine no se le juzgó por haber escrito Viaje al fin de la noche, sino por antisemitismo. Y dicho esto, a quien le gusten los poemas de Gil de Biedma incluso ese Diario, adelante; son todo suyos, que circulen libremente.






19 janvier 2020

Una entrevista en Joyce

¿Se ha dado cuenta de que el ser humano es el único animal capaz de ser artista?

No sé. Acaban de subastarse las últimas obras de Congo, el simpático chimpancé británico muerto en los años sesenta de quien ya compraron cuadros en su día Picasso y Miró.

 Además de su trabajo, ¿qué da sentido a su vida?

Cualquier cosa importante o insignificante que no destruya la intimidad.

¿Cuál es para usted el verdadero marcador del éxito?

No echarlo en falta.

 ¿A qué ha tenido que renunciar para lograr la excelencia?

La excelencia no quita nunca, da.

¿La creación es también un combate?

Al contrario, en la creación suele haber siempre algo fácil y feliz. Y en todo caso, no ponerse medallas.

¿Qué temas le preocupan de nuestra sociedad actual?

Que Europa deje de ser lo que le ha costado tanta sangre, un lugar ilustrado y en paz.

Reconozcamos que somos una especie frágil que necesita toda clase de artefactos y objetos para sobrevivir. ¿Cuáles son sus imprescindibles, sus favoritos?

Me apenaría no poder leer un libro ni oír música. 

En esta época tan dura y desorientada, ¿cuáles son para usted los placeres elementales y esenciales que le permiten conservar y acrecentar su vitalidad, su optimismo, sus ganas de vivir?

Leer, oír música, pasear solo por el campo o entre la gente en la ciudad, hablar con un amigo, estar con las personas que quieres…

Selfies, fotos… ¿por qué enseñar imágenes es más frecuente hoy que comer con los amigos? ¿Por qué no hablamos, no nos acercamos?

De acuerdo, pero gracias a las imágenes, el cine, las series, la tele, la soledad es menos triste hoy para millones de seres desdichados.

¿Cómo andan sus cinco sentidos? Hagamos un pequeño repaso. ¿Cuáles tiene más desarrollados y por qué? 

De viejos se atrofian o estropean todos, de modo que le prestamos más atención al sexto, al que llamamos experiencia, una especie de potenciador de los otros cinco. Pero para qué engañarnos, lo mejor de la juventud es precisamente tener los cinco como nuevos.

¿Es usted nómada o sedentario?

Cuando estoy sentado, trabajando, suelo estar lejos; y cuando ando lejos, sólo piensa uno en volver y estar sentado, trabajando.

 ¿Tiene usted una isla como Robinsón, una cueva como Platón, un jardín secreto, un refugio solo suyo?

Sí. Y como es solo mío, ¿para qué va uno a dar más detalles?

Si le enfrentásemos a un mapamundi, ¿dónde se posaría su dedo?

Exactamente donde estoy ahora.

¿Cuándo se hizo usted adulto?

El día que vi mi primer muerto. Era un niño de tres o cuatro años. Yo tenía cinco o seis. Él estaba en una caja blanca y lo habían vestido con un trajecito negro de viejo, con su corbata y todo.

¿Quiénes son sus enemigos íntimos?

En la intimidad no hay enemigos, todos van en la misma dirección.

Vamos a comprometernos: ¿cuáles son sus tres ‘síes’ y sus tres ‘noes’?

Síes: libertad, igualdad y fraternidad. Noes: cerrilismo (en cualquiera de sus dos manifestaciones: nacionalismo, populismo), pesimismo y resentimiento. 

Vivimos en una época de usar y tirar. ¿Es usted conservador, acumulador, ‘desperdiciador’?

De viejo se descubre el placer de la austeridad y se es conservador por naturaleza, sobre todo porque quiere uno conservar la vida

¿Era todo mejor antes?

Sólo cuando pensamos en las personas queridas que se han ido. En lo demás, mejor ahora. El presente es imbatible: permite además recordar el pasado y planear el futuro.

¿Cuáles son sus 7 maravillas del mundo y en el mundo?

Cualquiera que haga que nos sintamos inmortales, aun por un segundo. Y de esas hay, no 7, 7.000 cada día.

¿Cuál es su locura personal favorita?

Levantarme a las siete los domingos para ir a Rastro desde hace más de cuarenta años.

¿Se lleva bien con su sombra?

Bastante bien, sí, hablamos mucho. Pero no escucha.

¿Hasta dónde llegaría usted para tener éxito?

Ni a la esquina. Uno es más de rincón.

¿Cree usted que conseguiremos un futuro sereno para la humanidad?

Tenemos un presente bastante mejor que el presente de todos nuestros antepasados. El Ricardo III de Shakespeare hoy diría: «Mi reino por una aspirina».

¿Sabe usted perder?

Eso es como montar en bicicleta, no se olvida.

¿Y ganar?

Ganar lo hace cualquiera, por eso todo el mundo juega a la lotería. En ganar hay siempre algo plebeyo, qué se le va a hacer.

¿De qué no vale la pena hablar?

De lo que no se sabe, de lo que no hace falta y de lo que ya sabemos. 

¿Con quién o quiénes se toma usted sus distancias?

Con los que no se acercan.

¿Cree usted como Wolinski que la risa es el camino más corto entre dos seres?

Sí, y escama que Jesucristo llorara tres veces, y que no se riera nunca.

¿Tiene usted una asignatura pendiente?

Escribir algo que le guste a un niño.

¿Es usted militante o activista de algo?

No, pero si me llaman por una buena causa, voy, hablo, firmo. No sirve de nada, pero lo hago. Sirve de menos no hacerlo.

¿Corre usted riesgos alguna vez?

Al vivir a la intemperie no he tenido esa sensación. 

¿Lo bello está en crisis?

Nunca lo ha estado. Se salva siempre de manera providencial. Quizá porque es cosa de pocos.

¿Cómo se lleva con la inteligencia artificial?

Mucho mejor que con la imbecilidad natural.

¿Los fracasos enriquecen?

Los fracasos y los éxitos son como un perfume, el mismo nunca huele de la misma manera en dos personas. El fracaso a unos los ennoblece y a otros los envilece. Y lo mismo los éxitos.

¿Cuéntenos una pesadilla recurrente?

Que uno de los dos se muere antes que el otro.

A qué juego le gustaría jugar?

Al veo veo. Es lo que hacen los poetas, los vates: vaticinar, ver el futuro.

¿Qué le asombra actualmente?

Lo tontos y vanidosos que pueden llegar a ser algunos políticos (y políticas).

¿A usted la soledad cómo le gusta?

En invierno, con chimenea; y en verano, con luna llena.

Un encuentro determinante en su existencia… Con el pintor Ramón Gaya.

¿Qué sería usted si fuera…

Un perfume…  el de una pradera una mañanita de San Juan.

Un lugar… Las Viñas, en el campo extremeño.

Un detalle… La errática luciérnaga en una noche de verano de ese lugar.

Un sonido… El de los ociosos abejorros rondando.

Un objeto… El reloj de sol, con su inscripción: “Sólo marco las horas apacibles”.

    [Publicada en Joyce, enero de 2020]




6 mai 2019

Otro cuestionario

Este apareció ayer domingo en El Confidencial, titulado de una manera escandalosa que llama a engaño y que acaso contribuyó a que algunos no pasaran del titular.

2 mai 2019

Cuestionarios

SE publica esta semana en El Cultural de El Mundo una doble página firmada por Nuria Azancot a propósito de la reedición de Las armas y las letras. Para los amantes de los detalles exactos, aquí van las respuestas íntegras a sus preguntas, que por su extensión no han podido darse de forma literal o han tenido que suprimirse. 


¿Cómo nació este libro (1993), realmente lo escribió en tres meses? ¿De quién fue la idea y qué le debe a Juan Manuel Bonet y a Rafael Borràs?  

Borràs tuvo la idea. Gestionaba el premio Espejo de España, que hubiera podido arreglarme la vida durante un par de años. Me habló de él con gran persuasión. Y sí, lo escribí en tres meses, pero llevaba años leyendo del asunto. En ese tiempo Bonet andaba también escribiendo su gran diccionario de las vanguardias. Fueron dos libros que crecieron a la par, con informaciones estimulantes de ida y vuelta a gran velocidad. Él fue fundamental. Y Abelardo Linares. Me dio buenos consejos y me prestó muchos libros, entre ellos A sangre y fuego de Chaves Nogales: el prólogo de ese libro era la prueba, que yo había estado buscando, de que la tercera España había existido. El premio al final, por guerras intestinas (y nunca mejor dicho), se lo birlaron a Borràs, y me quedé sin él, pero soy consciente de que de no haber sido así, a la diabla, jamás lo hubiera escrito: el tema era un campo de minas. Le estoy agradecido.

Veinticinco años después de su primera edición, Las armas y las letras sigue tan o más vigente que entonces. Cada nueva edición descubre nuevos personajes y datos... ¿Podrá darlo por acabado alguna vez o quizá es, como usted mismo afirma en los prólogos, un libro sin fin, que nunca acabará de escribirse?

Este libro trata de la memoria. Y la memoria fluctúa a cada momento, cambia nuestra percepción del presente y este modifica el pasado. Ayer mismo, en Jerez, Carmen Hernández Pinzón dio a conocer una carta inédita de Juan Ramón Jiménez, de 1943, en la que protesta a Guerrero Ruiz por haber incluido este en una antología de sus poemas un prólogo del falangista José María Alfaro: No “acepto que un político militante de la España actual ponga un prólogo a un libro sobre mí, como tampoco lo aceptaría si Vd, se lo pidiera a otros políticos [republicanos] de los que andan por aquí (…) Mientras las circunstancias de España sean las que son actualmente, yo no puedo volver a España ni relacionarme con determinados elementos de la República que andan por estos países. (…) Yo no soy monárquico, ni republicano, ni falangista, ni comunista, etc., etc. Soy un hombre libre”. De eso trata este libro, de una verdad que cuesta descubrir y restaurar, y que lleva mucho tiempo.

Uno de los méritos del libro fue descubrir esa Tercera España , tan a menudo olvidada, que ni era fascista ni anarquista o comunista. ¿Habría que reivindicarla ahora, cuando vuelven a agitarse los extremos?

JRJ., como acabamos de ver en esa cita, es el paradigma de esa tercera España. Al comienzo de la guerra Falange y Pce tenían unos veinte mil afiliados cada uno. Al final, dos millones. Falange y comunistas fueron los verdaderos vencedores de la guerra, unos administrando la victoria, y los otros administrando la derrota. Los vencedores ganaron la guerra y perdieron los manuales de literatura, y parte de los que perdieron la guerra, principalmente comunistas, ganaron el relato.

Otra de las claves del libro es que demostró hasta qué punto los derrotados de la guerra civil ganaron la guerra literaria... ¿Al menos en este aspecto, al referente a la calidad literaria de unos y otros, hemos aprendido algo?

Sí, que los libros hay que leerlos y que pocos de los que se escribieron en la guerra tienen un interés literario, y que si Rosa Chacel es una gran escritora, Cunqueiro también. Y así hasta cien escritores de ambos bandos.

¿A qué se debe el resurgir actual del guerracivilismo? ¿No hemos aprendido nada, o quizá la ambición política y los nacionalismos excluyentes lo están polarizando todo?

Los sublevados ganaron la guerra desde el primer día y los que la perdieron se hicieron con la propaganda en todo el mundo también desde el primer día. Parecido a lo del Procès ahora. Cuando hace unos años empezó la extrema izquierda a temer que podía perder también el relato, se echaron contentísimos al monte decididos a ganar al fin la guerra.

Veinticinco años después de su primera edición, Las armas y las letras sigue tan o más vigente que entonces. Cada nueva edición descubre nuevos personajes y datos... ¿Podrá darlo por acabado alguna vez o quizá es un libro sin fin, que nunca acabará de escribirse?

Más bien esto último. Pero mejor así. Querrá decir que sigue vivo.

¿Cuáles han sido los cambios más sustanciales en la manera de entender la guerra civil experimentados en estos veinticinco años?

Hoy casi todo el mundo admite que a la inmensa mayoría de los españoles se les obligó a elegir un bando, a veces a punta de pistola, y casi todo el que era decente acabó reconociendo que estaba en el bando equivocado, sin creer que el otro bando fuera tampoco mucho mejor.

La Ley de la Memoria Histórica no parece haber solucionado nada: sigue habiendo demasiados muertos en las cunetas y todo parece haberse reducido al maquillaje urbano y ceder parte de los fondos del Archivo de Salamanca... ¿qué medidas concretas habría que adoptar para hacer justicia de verdad? 

Muy pocas: exhumación de los muertos de las fosas comunes y cunetas, sin mayores celebraciones retóricas del tipo “luchadores por la libertad”, “defensores de la democracia”, etc. No pocas de esas víctimas fueron además victimarios y un buen número de ellas, de demócratas, poco.

¿Del rescate de qué autor antes ignorado está más orgulloso y por qué? (Pienso en Chaves Nogales, por ejemplo, pero quizá usted tenga otros favoritos).

Chaves, desde luego, José Castillejo, Morla Lynch, Clara Campoamor, y todos aquellos que lograron sobrevivir a cualquiera de los dos totalitarismos con dignidad y decencia.

Fue uno de los primeros en indagar en el enigma Gálvez. ¿Tiene la sensación de haber abierto camino, de haber dado demasiadas pistas y no sólo con este polémico escritor, para que otros narradores con menos imaginación o conocimientos se hayan aprovechado de su trabajo?

Todo lo sabemos entre todos. Y las buenas ideas tarde o temprano acaban siendo del común. Como las buenas coplas, que decía Machado. Ningún problema. Jordi Gracia al tiempo que señalaba la importancia del libro, recordaba que habría tenido que haberse escrito en la universidad, pero la universidad española y el gremio de hispanistas han sido a menudo endogámicos, convencidos de la superioridad moral y literaria de los perdedores. Y empezaron a circular la gran mentira, aún en curso: los mejores escritores e intelectuales se pusieron del lado de la República. Lorca, Antonio Machado, Miguel Hernández... de acuerdo. ¿Y qué hacemos con Baroja, Unamuno, Ortega, Azorín...? Al fin empiezan a comprender que buenos y malos había en los dos bandos.

Uno de los reproches que acompañaron la primera edición del libro fue la ausencia del filólogo Koldo Michelena. Veo que sigue sin corregirlo, como también sigue sin añadir notas a pie de página que le reclamaban la crítica académica... ¿El tiempo le ha dado la razón? 

Es verdad, sin Koldo Michelena no se entiende la guerra civil ni nada en esta vida.

También le tacharon de equidistante... ¿Se le ocurre un retrato menos justo, peor? ¿O le han llamado cosas peores, por su dedicación a la política siempre en trincheras a menudo poco amables?

Se ha cansado uno explicando las diferencias entre equidistante y ecuánime. Y he comprobado esto: suele llamar equidistante, por ejemplo a Chaves, quien está encantado de ser totalitario, por lo mismo que quien suele llamar facha o franquista a un demócrata, está orgulloso de levantar el puño o el brazo y encantado de poder robarte tus derechos civiles en cuanto le dejen.

¿Tenemos la clase política que nos merecemos? ¿realmente necesitan un máster en mentir, como usted mismo afirmaba en estas páginas hace poco?

Por desgracia es más grave aún: ¿quién se merece dos millones de xenófobos en Cataluña y doscientos mil cómplices de Eta en el País Vasco? Y todos ellos orgullos de serlo; así lo dicen sus votos.

¿Cree que el Trapiello del 93 comprendería esta suerte de Causa General contra la Transición a la que ahora asistimos? ¿Y el de hoy, puede entenderla?

Ni hace 25 años pensaba que se seguiría hablando de la guerra civil ni hoy puede comprender nadie que se quiera acabar con el período más largo y próspero de nuestra historia dando cartas de naturaleza a los peores instintos: el narcisismo nacionalista y xenófobo y el resentimiento populista, reencarnación de los viejos totalitarismos. Y hay que recordar una vez más a Nietzsche: un exceso de memoria daña la vida.


9 octobre 2018

De El Rastro

EL domingo pasado salieron estas dos cosas, en el Magazine de La Vanguardia y en El País.

Y a ellas se añade este fragmento del prólogo del libro y una foto tomada el domingo 30 de septiembre.

"(...) En el Rastro algunos saben que yo soy escritor, pero la mayoría no. Allí somos todos un poco legionarios, si es verdad lo que dice el himno ese que cantan, cuando desfilan detrás de la famosa cabra: «Nadie en el Tercio sabía / quién era aquel legionario / tan audaz y temerario / que en la Legión se alistó. / Nadie sabía su historia, / mas la Legión suponía / que un gran dolor le mordía / como un lobo el corazón». En el Rastro nadie pregunta mucho, ni de dónde vienen las cosas que se venden, ni para qué las quiere el que las compra, ni cuánto ha pagado por ellas, si acaso ha pagado algo y no las ha robado o escamoteado. En el Rastro las cosas se guardan para sí su historia, y raramente la cuentan.
Durante unos años se veían muchos legionarios viejos en el Rastro, vendiendo grifa, que subían del moro. Se les conocía por los tatuajes que llevaban, con las insignias del Tercio, y la gente les trataba con respeto, como a los soldados pobres de Flandes e Italia en la época de Cervantes. Hay una leyenda según la cual Cervantes venía a visitar, en el refugio de San Esteban, al lado de lo de las barras de hielo, a cinco soldados que quedaron lisiados como él en Lepanto. Estaba ese refugio en la calle de San Lorenzo, que pasó a llamarse la calle de los Cojos, detrás del matadero de abajo. Sí, en el Rastro, aunque no se hable mucho de ello, se ve que hay pobreza, dolor e historias por todas partes". 

Etc.

Legionario en el Rastro (30 de septiembre 2018)




20 mai 2018

Don Quijote en Barcelona y el separatismo

(Consideraciones proustianas sobre el  sedicente y sedicioso Procés)

A menudo un acontecimiento histórico importante tiene la facultad de fijar en nuestra memoria otro que habría sido dado al olvido por su insignificancia. Los norteamericanos de cierta edad recuerdan aún en su mayor parte qué estaban haciendo en el momento en que la radio y la televisión difundieron la noticia del asesinato de su presidente JFKennedy, al igual que la mayor parte de quienes componen el mundo civilizado recordará sin duda dónde y cómo vio las primeras imágenes del hombre tentando sus primeros pasos sobre la luna. En nuestro pequeño ámbito, algo parecido sucede con lo relacionado con el golpe de estado del 23 de febrero de 1981. Pocos españoles habrá que tuvieran entonces una edad apropiada para comprender la gravedad y magnitud de aquellos acontecimientos, que no recuerden aún con exactitud, casi cuarenta años después, dónde les sorprendió la irrupción de aquel guardia civil en el Congreso de los Diputados de Madrid pistola en mano y tocado con un tricornio que en muchas redacciones de periódicos extranjeros tomaron por una montera, así como imaginaron que aquel teniente coronel era un torero.
Si bien poner en libertad al presidente prófugo de la Generalidad por parte de un tribunal alemán regional no fue en absoluto comparable a ningún hecho extraordinario de los citados, sí lo fue para mí, y no creo que olvide en mucho tiempo las circunstancias en que tuve conocimiento de él: me dirigía en ese mismo momento a la tribuna del salón de actos de la delegación del gobierno en Cataluña para dar una conferencia sobre don Quijote en Barcelona. Mi mujer, a quien yo acababa de ver consultando su móvil, y que caminaba al lado de Félix Ovejero para ocupar dos de los asientos delanteros, se me acercó por detrás, y bastaron únicamente tres palabras susurradas al oído para que yo perdiera la poca concentración que tenía: “Lo han soltado”.
Minutos antes nos había llamado la atención tropezarnos en pleno barrio gótico con la bandera española de la misma manera que meses antes nos había sorprendido una bandera israelí en cierto barrio árabe de Jerusalén.
Es posible también que de no haberse sumado un par de circunstancias más, el hecho en sí de aquella liberación hubiera acabado borrándose de mi memoria tarde o temprano.
La primera fue la de un hombre de cierta edad, entre los setenta y ochenta años, alto, flaco, con pelo y barba blancos y probablemente sin dientes, como probaban sus mejillas sumidas, vestido como muchos viejos, con ropas que le venían grandes y algo sucias. Así como mi mujer y nuestro amigo se sentaron discretamente en la fila tercera o cuarta, a un lado, aquel hombre lo hizo en la primera y exactamente frente a mí, a menos de dos metros de distancia. Eso me permitió fijarme en el detalle: llevaba prendido en el pecho el lacito amarillo con el que los separatistas protestaban por el encarcelamiento de unos cuantos políticos presos por los delitos más graves que nadie pueda cometer contra un estado democrático.
Pero tampoco aquel lazo amarillo habría sido del todo significativo. Antes de la conferencia habíamos estado paseando por Barcelona y no nos habíamos tropezado con nadie que lo llevara. Lo que convertía en algo especial el de aquel hombre era la ocasión y el lugar. Este, ya lo he dicho, era el salón de actos de la delegación del gobierno de España, y llevar allí aquel lazo era como mínimo exótico, como pasear la famosa cabra de la Legión por cualquiera de los pueblos de Tractoria; en cuanto a la ocasión, se trataba de una conferencia organizada por Clac (Centro Libre. Arte y Cultura), una entidad cultural dirigida por Andreu Jaume y ligada a Sociedad Civil, responsable esta de la gran manifestación que sacó a las calles de Barcelona dos o tres meses antes, el 8 de octubre de 2017, entre uno y dos millones de demócratas favorables a la constitución y la unidad de España y que acabó de una vez por todas con el mito de un solo pueblo de Cataluña, grande y libre, tal y como venían machacando en los años del Proceso los independentistas y xenófobos catalanes.
La actitud posterior de aquel hombre vino a confirmar que su presencia allí respondía a algún propósito para mí oculto, más que a su interés por don Quijote y Barcelona. Apenas empecé a hablar, se recostó en el respaldo de la butaca, extendió sus largas y flacas piernas todo a lo largo, sin obstáculo ninguno delante, cruzó sus brazos, echó la cabeza a un lado, y se quedó dormido. Literalmente. Me desentendí de él, pero de vez le echaba una rápida ojeada, y al ver la placidez de su sueño llegué a la conclusión de que sólo era un pobre loco, no, desde luego, como don Quijote, que apenas dormía, sino uno de esos que van a las conferencias por estar con alguien.
Lo que yo tenía que decir y dije sobre el tema que nos había congregado a medio centenar de amantes de Cervantes fue bien poco, porque no hay mucho que decir.
Había estado releyendo días atrás en el libro de Martín de Riquer las páginas que este le dedica también a ese tema. Son entretenidísimas, y le confirmaron a uno que los estudios filológicos, cuando son buenos, son parte también de la ficción, y algunas cosas más. La primera: no sabemos si Cervantes estuvo o no alguna vez en Barcelona, y si lo estuvo seguramente fue cuarenta años antes de escribir el Quijote. Probablemente hablaba de oídas. Dos: el famoso elogio que se hace de Barcelona, “archivo de la cortesía”, no es más que un simpático estereotipo. Tres: la única sangre que se derrama en la novela viene de la mano del bandido Roque Guinard, un bipolar de libro. Cuatro: que en Cataluña las relaciones entre el bandolerismo y las clases dirigentes viene de atrás, como prueba el hecho de que Roque Guinard, que está fuera de la ley, entregue a don Quijote una carta de presentación para don Antonio Moreno, respetabilísimo y amigo de las autoridades encargadas de defender la ley, entre ellas el gobernador, quien, dicho sea de paso, hospeda en su casa al expulsado morisco Ricote, el vecino de Sancho y don Quijote, que había vuelto a España para sacar, contraviniendo las órdenes del rey, ciertos tesoros. Esto último es una más de las ironías de Cervantes, quien nos recuerda que las cosas no son blancas y negras: que el gobernador hospede a Ricote es como si el director de la Guardia Civil alojara en sus buenos años de quinqui a El Lute. Todo lo cual, y esto fue el colofón de mi conferencia, no obstaba para que el Quijote, que desde luego se escribió en catalán y por un autor catalán, Miquel Servent, se publicase por vez primera en Barcelona en la famosa imprenta de la calle Call que se nos describe minuciosamente en el capítulo tal de la segunda parte, la misma imprenta donde se estaba imprimiendo una edición del apócrifo de Avellaneda cuando entró don Quijote.
Al oír esto último, el anciano aquel de la primera fila, que había tenido al menos la delicadeza de no roncar, dio un respingo, se recolocó en la butaca y se despabiló por completo, asintiendo con grandes cabezadas y mostrándome la mayor de sus sonrisas. No había duda: quería darme a entender que compartía conmigo todo lo relacionado a la catalanidad del Quijote. Al sonreír enseñaba unos dientes grandes y amarillos, como teclas de un piano viejo; lo que no debía de tener eran muelas, porque las mejillas, desde luego, estaban de lo más hundidas.
Y aquí llegamos a la última de las circunstancias que fijaron y juntaron en mi memoria aquella conferencia y la excarcelación del presidente de la Generalidad. Supuse que al salir a la calle encontraríamos esta llena de manifestantes espontáneos celebrando la noticia y tirando cohetes (naturalmente de artificio) en dirección a la frontera española, como hacen los de Jamás en la Franja o Siria con Israel. Pero la sorpresa fue que en Barcelona todo el mundo parecía ignorar la noticia de la suelta que estuvo a punto de dar al traste mi concentración a la hora de soltar yo también una conferencia sobre don Quijote en Barcelona.


Publicado el 20 de mayo de 2018 en The Objective.