16 juin 2013

Beguinas

“MURIÓ mientras dormía sin saber que cerraba la última puerta de la existencia de las beguinas. La hermana Marcella Pattyn, fallecida el 14 de abril a los 92 años, era la última representante de una de las experiencias de vida femeninas más libres de la historia”. Tres días antes de que apareciera esta noticia en un periódico, encontraba en el Rastro una fotografía de los años cuarenta en la que se ve a un grupo de beguinas, con sus hábitos negros y sus blancas tocas características, rodeadas por unas cuantas mujeres que las miran con atención, silenciosas y en actitud de respeto, a cierta distancia. Lo que la gente acaso tome sólo por una casualidad, lo tiene uno por un hecho misterioso, y en cierto modo poético. Ya no hay duda: en el Rastro sólo vemos lo que nos mira. En más de treinta años es la primera vez que ha encontrado uno una foto de beguinas, y ha ido a suceder justamente cuatro días antes de que desapareciese la última de ellas. El mundo se resarcirá de los atropellos de Lehman Brothers, como acabó olvidando a Atila, pero no sabemos cómo sobreviviremos a la desaparición de la beguinas y sus beguinados. No quiere decir esto que pensara uno a todas horas en esas mujeres, ni mucho menos. Ni siquiera de año en año. Pero mientras sabíamos que existían esas “rezadoras” (eso significa la palabra beguina en flamenco), se diría que podíamos ir a nuestros pequeños negocios despreocupadamente.

Los simbolistas belgas, Rodenbach y Verhaeren sobre todo, hablaron de ellas en poemas memorables. ¿Qué les atraía de esas mujeres que ni eran monjas ni laicas, que podían estar casadas o ser viudas o doncellas que rezaban en comunidad, pero que vivían cada una de ellas en sus modestas casas de una planta, alineadas alrededor de un amplio patio? Creo que les fascinaba no tanto saberlas cultivadas (como gheisas a lo divino escribían poesía, componían música, mejoraban sus jardines y huertos, labraban sus encajes para poder vivir), sino saberlas libres, decididas a apartarse del mando de los varones en un mundo sojuzgado y controlado por ellos. 

En la foto de que les hablo se diría que las mujeres seglares que rodean a las beguinas las miran con cierta envidia: ha pasado para todas ellas la juventud, los días de vino y rosas, y afrontan la vejez de manera diferente: unas, las seglares, cada vez más solas, acaso acompañadas por hombres que han dejado de amarlas o que les dan mala vida, abrumadas por la noria inexorable de la vida cotidiana; otras, las beguinas, en compañía, ayudándose unas a otras sin perder un ápice de su independencia en una existencia más o menos austera y acaso por ello mucho más plácida. Ha muerto la última beguina. Las primeras según los historiadores databan de 1280 y habrían sido fundadas como congregación por un tal  Lamberto Le Begge. Otros las llevan al 692, de la mano de santa Begge. Todo incierto, pero no la fecha de su extinción, el mes de abril de 2013, confirmando una vez más las palabras del poeta: abril es el mes más cruel. Y si lloramos cada día la extinción de una especie animal, la desaparición de una forma de vida que garantizó la libertad de miles de mujeres, no debería dejarnos indiferentes.
     [Publicado en el Magazine de La Vanguardia el 16 de junio de 2013]




Ramper, graciosísimo excéntrico

UNO de los mayores atractivos de los libros viejos, acaso el que los hace superiores a los nuevos, es el de traer consigo la vida de aquellos que fueron sus lectores. 
Unas veces es un nombre, una fecha, una flor, un recorte de periódico, un billete de banco (aún recuerda uno la impresión que me hizo encontrar en un libro un billete de mil marcos de los años de la inflación que dio origen al nazismo), un billete de tranvía con un itinerario de una línea desaparecida y el precio en una moneda que dejó de circular hace ya muchos años... Otras veces el regalo viene en forma de un subrayado, aquella frase que alguien encontró importante, inteligente, providencial acaso y balsámica. Otras veces cierto vestigio, un cabello o la ceniza de un cigarrillo, parece traernos a nuestra presencia, convocados como en una sesión mesmérica, la persona a la que perteneció ese cabello o que dejó caer sobre el libro la ceniza, vencida por el sueño.
No sé cuándo ni dónde me apareció este pequeño recorte. Sin duda Ramper, célebre payaso, hizo pasar agradables momentos a quien lo recortó de un periódico. ¿Sería tan gracioso como se asegura en él? A uno le gustó la palabra excéntrico, que se empleaba para los artistas de circo (los actores de teatro eran cómicos y payaso tal vez le venía corto a esta clase de showman), y por esa razón lo he conservado en una de esas carpetas que se van llenando de cosas absurdas, frágiles y excéntricas que tuvieron también su gracia, y que no dejan de amarillear cada día que pasa.


15 juin 2013

(T)ransferencias

LA varita mágica la mueve casi siempre el azar, y allí donde se posa arranca una sonrisa. (Como en el caso de una tienda de la calle Augusto Figueroa, que decidió predicar con el ejemplo empezando a transferir al espacio exterior la T del rótulo TRANSFERENCIAS).
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EN un ensayo de don Francisco Giner: "Cuidado, los chanclos no son una patente de corso para andar por el lodo". Quien dice chanclos puede decir también inteligencia.
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TIENE razón y es verdad lo que cuenta, pero lo que da miedo de lo que dice no es lo que dice, sino el cómo lo dice, porque detrás de la retórica hay siempre un mentiroso. (De un demagogo que denunciaba a otro).

Augusto Figueroa, Madrid, 9 de junio de 2013

14 juin 2013

Diario de Rosa Chacel

BUSCANDO en Alcancía de Rosa Chacel alguna noticia de Ramón Gaya, se encontró Miriam Moreno este fragmento:

"Jueves, 24 [1969]: Lo que más me angustia es que tengo la impresión de que he cometido grandes indiscreciones, he dicho cosas que no debía decir. ¿Cómo puedo curarme de esta debilidad? Una de las causas está en este continuo soliloquio mental que mantengo; estoy delante de un ser humano, y sigo hablando como si estuviera sola, pero además, las cosas que digo ¿por qué son siempre brutales, disonantes? Porque tengo una necesidad sofocada de violencia, porque necesito continuamente atentar a esta vida vergonzosa que vivo. Pero atentar así, tan mediocremente, con un aire de torpeza, cuando no de resentimiento, de perfidia..., no hace más que agravar la situación, aumentar el número de enemigos. Qué poco sospecharán mis enemigos que estoy tan convencida de que tienen razón".

La publicación de los diarios de Rosa Chacel le granjearon, como es sabido, un gran número de enemigos e hizo que muchos que hasta entonces se encontraban en el número de sus amig*s, se pasaran de filas. La palabra que más veces se ha pronunciado respecto a ellos es la de "despiadada". Lo fue con los demás, pero también consigo misma, y porque lo fue creyó tener derecho a serlo con todo el mundo, si acaso no lo fue con ella para serlo de paso con los demás, a los que aplica la misma implacable inteligencia que en ella parece más bien una gran lupa de aumento para mirar de cerca, como una entomóloga, su propio fracaso y una vida atormentada, desamparada y difícil como la suya.


Rosa Chacel, 1971. Fotógrafo desconocido


13 juin 2013

Dos metáforas

HA querido la vida que la segunda de estas dos extraordinarias fotos, aquella en la que se ve a don Manuel Azaña subido a una escalera, haya venido a mis manos hace un par de días por vía del mismo amigo que me regaló la primera. 
La de la escalera, desconocida hasta su publicación en la quinta edición de Las armas y las letras en la versión de Destino, fue tomada, según supone Santos Juliá, biógrafo de Azaña a quien le preguntó uno el caso, en la finca de La Barata donde posaba Azaña en los últimos meses de la guerra.
Impresiona de ambas lo que tienen de metafóricas, un presidente de la República disputándole a quién una partida de ajedrez, jugando acaso solo, y, en la otra, subido en pantuflas y traje a una escalera mal sujeta por unas cuerdas y podando un seto tan alto que siempre le impedirá ver lo que hay al otro lado, encerrado en su propio laberinto, de nombre La Barata.
Desconozco quién sea el fotógrafo de esos dos retratos y si fue el mismo en ambos casos. El papel y formato sugieren que pudieron  al menos ser reveladas por la misma persona y en parecido momento.



12 juin 2013

De la amistad

SE hablaba ayer aquí de madres y de regalos y tesoros. Los hijos también traen los suyos. Acaso el primer gran regalo de un hijo a sus padres, en su paso a la edad adulta, sea el de compartir sus amigos con ellos. Claro que un padre y una madre se colocarán un poco a distancia, por no interrumpir esa relación que tienen los jóvenes, por lo mismo que dejan que los hijos tengan entre sí sus apartes, a veces para ocuparse de las excentricidades o incomprensiones parternas. Con los amigos de los hijos sucede algo singular y muy grato, pues amigos y padres se diría que quisieran agasajarse y agradecerse mutuamente, los amigos hacia los padres por haber engendrado a aquellos con los que comparten tantas cosas, y los padres por ver cómo los amigos cuidan y mejoran a sus hijos. A ese desinterés puede dársele también el nombre de camaradería. Una camaradería diferente a la que tienen entre sí los jóvenes, una camaradería respetuosa, como no podría ser de otro modo entre viejos y jóvenes. Lo dice alguien de sesenta años.


Sebastián Taberna. El Rastro, 9 de junio de 2013


11 juin 2013

El hombre pobre

FUE ayer mi cumpleaños, 60. Los lectores de este almanaque saben que no es pródigo uno aquí en efusiones sentimentales. Agradezco a quienes se acordaron y me felicitaron y a quienes de haberlo sabido, hubieran querido hacerlo.
Y con todos y cada uno de vosotr*s querría compartir el que fue uno de los regalos más bonitos. Vino de mi madre. Telefoneó, como cada año en ese día, a las 8:30, la primera siempre. "¿No estarías dormido?". Desde hace unos años cuenta cosas y habla refranes y palabras que sus hijos jamás habíamos oído antes, llegadas de tiempos remotos, muy anteriores a su nacimiento. Quiero decir que en su ancianidad, noventa años, nos entrega su infancia y mocedad, y aun la de sus padres y abuelos, sin darle ninguna importancia, como suelen hacer las madres con sus tesoros. Así este refrán vivísimo y natural que soltó al saber que ya estábamos levantados. Nunca se lo habíamos oído y tampoco habría podido estar mejor traído: "El hombre pobre, al alba, en pie, que aunque no trabaje, ve".

Puerta del Sol en 1953. Regalo ayer de JCBolland